Las Provincias

Dilemas del 'Brexit'

Theresa May llegó al puesto de primer ministro de manera accidental, sin pasar por unas elecciones. Tras el suicidio político de David Cameron, un ludópata no diagnosticado a tiempo, ninguno de los partidarios del 'Brexit' tenían suficientes apoyos para reclamar el liderazgo conservador. Así que una discreta y gris ministra de Justicia acabó sentada en el despacho del número diez de Downing Street. Su mandato ha empezado con un claro acierto y un gran error. Por un lado, ha sabido poner en pie un discurso social, para tratar de unir un país que vive en dos realidades paralelas, sin apenas intersección. Los británicos de las principales ciudades y los jóvenes versus la Inglaterra rural y los mayores.

May ha enarbolado la bandera de la igualdad de oportunidades y la movilidad social. Pero por otro lado, está haciendo una gestión muy mejorable del asunto más peliagudo que tiene ante sí, la salida de la Unión Europea. Es cierto que carece de experiencia europea e internacional. Margaret Thatcher tampoco la tenía cuando llegó al puesto, pero no se encontró el primer día de bruces con un problema de tal envergadura. En la conferencia del partido en Birmingham May se ha convertido en líder de la ruidosa ala anti-europea y ha abrazado la idea de un 'Brexit' duro, en el que se elige el control sobre la prosperidad. Si el Reino Unido se desconecta del mercado europeo para no tener que aceptar la libre circulación de trabajadores, la economía británica sufrirá lo indecible. Las fórmulas intermedias son difíciles, porque el resto de los europeos no aceptarán el traje a medida al que aspira el gobierno inglés: libre comercio y libre prestación de servicios, más pasaporte financiero para la City, pero ni un trabajador comunitario más. Al mismo tiempo, la primer ministro defiende que las decisiones sobre el 'Brexit' corresponden al poder ejecutivo.

Pero el parlamento se ha revuelto contra ella y le ganará esta partida constitucional. En el sistema británico, la cámara es soberana y no está vinculada por leyes anteriores contra las que vote. Además, uno de los argumentos principales de la campaña a favor de la salida de la UE era recuperar la soberanía de Westminster frente a las instituciones de Bruselas. La última palabra sobre el 'Brexit' la tendrá el parlamento, a favor de la permanencia o del 'Brexit' blando. Otro desafío mayúsculo es la amenaza de secesión de Escocia, con un 62% de votantes partidarios de la permanencia en la UE. Un 'Brexit' duro da alas a las tesis independentistas. Pese al enorme coste de romper con Inglaterra, convertirse en Estado independiente, solicitar la adhesión a la UE y conseguirla tras años de espera, para muchos escoceses este éxodo tendría sentido, con tal de volver a la tierra prometida europea.