Las Provincias

Cinco años sin ETA

El próximo jueves, 20 de octubre, se cumplen cinco años del comunicado de ETA en que la organización terrorista manifestaba un «compromiso claro, firme y definitivo» de «superar la confrontación armada». Una hora después de aquel anuncio, comparecía el presidente del Gobierno, Rodríguez Zapatero, para dejar constancia de que se trataba de un triunfo «definitivo y sin condiciones» del Estado de derecho. En efecto, ETA no sólo ponía fin a su actividad armada, sino que reconocía en la práctica su derrota inequívoca y total. La organización violenta, que nació en 1958, cometió su primer atentado en 1961 y dejó un trágico reguero a sus espaldas de más de 800 asesinatos, innumerables heridos y múltiples estragos, y que, aunque nacida en la dictadura, hizo cuanto pudo por derribar el régimen democrático, dejaba al fin de actuar sin haber conseguido sus dos grandes objetivos: la autodeterminación del País Vasco y la anexión de Navarra por Euskadi. Aquel aparato sofisticado que servía para la extorsión, el secuestro y el asesinato se sumía en el aliviadero de la historia una vez desarbolada por la fuerza legítima de los Estados español y francés, así como por la presión política de ambos regímenes democráticos y de una opinión pública inequívocamente alineada con la paz. El imperio de la ley y la legalidad constitucional salían intactos de aquella lucha desigual, ya que el final de la lucha armada no comportó amnistía ni indulto alguno, ni siquiera recibió a cambio el reagrupamiento de los encarcelados. La izquierda radical, liberada del influjo malsano del que fue su 'brazo armado', está ya en la política, practicando el juego electoral como una fuerza más. Y, como cabía imaginar, el final de ETA ha rebajado la pulsión independentista hasta extremos inusitadamente bajos. En definitiva, el fin de la violencia terrorista ha enfatizado, si cabe, lo absurdo e irracional de aquella gran brutalidad que ya solo pervive en la memoria y en la Historia.