Las Provincias

Efectos de la deriva independentista

El barómetro del Centre d'Estudis d'Opinió de la Generalitat de Catalunya (CEO), del que no cabe imaginar un sesgo españolista, ofrece un balance muy claro de los equilibrios políticos después de la moción de censura superada por Puigdemont y de los últimos alardes independentistas llevados a cabo por la mayoría parlamentaria formada por Junts pel Sí (JxS) -la alianza electoral entre la antigua CDC y ERC- y la CUP. Si las elecciones catalanas fuesen ahora, JxS ganaría con el 31,5%, seguida por Cataluña Sí Que es Pot (CSQP) -la organización formada por Podemos, ICV y Colau- con el 10,3%. A continuación, se ubicarían el PSC con el 7,8%; Ciudadanos, con el 6,4%; la CUP, con el 3,1%, y el PPC, con el 2,3%. Los indecisos serían más del 17%. Es reseñable que, con relación a las elecciones de septiembre de 2015, JxS cae, Ciudadanos perdería la segunda plaza y la CUP registraría un bajón espectacular. Lo más significativo de esta encuesta es que las formaciones independentistas, JxS y la CUP, representarían actualmente el 34,6% de los votos (sin contar indecisos), frente al 47,8% de las elecciones de 2015. El pasado septiembre, la CEO publicó la segunda encuesta Òmnibus 2016, de la que se desprendía que el 41,9% de los ciudadanos se siente tan catalán como español, el 5,3% más español que catalán y el 8,8% solo español (el 19,3% se siente más catalán que español y el 14,4% sólo catalán). Si se unen estos datos a los publicados ayer, y concretamente al retroceso de las fuerzas que han optado por la vía unilateral hacia la independencia, se llega a la conclusión de que este proyecto no sólo no avanza, sino que retrocede a ojos vista. Lo sensato -y lo democrático- sería que los instigadores de la ruptura abandonaran su designio. Y también resultaría sensato que el Estado tendiera los necesarios puentes para abrir un diálogo que pacificase la relación bilateral.