Las Provincias

CONTROVERSIA

Un esforzado peluquero, mientras el cliente se retrepaba sobre la butaca con el largo babero cubriendo su pechera, antes de desenfundar la tijera le consultaba con la pregunta de «¿Usted qué prefiere, controversia o conversación?» Y así la inevitable charla discurría por los cauces pactados. Ese peluquero escondía sin duda alma de filósofo asfáltico. Los señores que otorgan el Nobel unas veces nos proponen controversia y otras conversación. La conversación se desliza cuando el premio acaba entre los brazos de un autor desconocido que vive humilde y silencioso en un rincón perdido sorbiendo sopicaldo de hambre. Como no le conocemos, tampoco podemos criticarle demasiado, ¿y si resulta que el tipo escribe como un titán? Entendemos además que el Nobel necesita cubrir cupos con las minorías para repartir su fama. Una estupidez, en efecto, pero qué le vamos a hacer. La controversia nos sacude cuando conquista el galardón un célebre cantante de susurro lánguido y nasal que cuajó unas cuantas letras de altos vuelos. ¿Es eso suficiente? Pues claro que no. Ya tenemos la controversia y desde luego, esta vez, discutiremos mucho sobre este Nobel, lo cual beneficia a los suecos porque el ruido y la furia siempre favorecen el cotarro. Hemingway con el premio bajo el brazo marchó rendir pleitesía al pobre Baroja que yacía en el lecho esperando la muerte. Ernesto, que siempre posaba para la posteridad, parece ser que le dijo lloroso eso de «usted lo merece mucho más que yo», cosa que era cierta. No consta, en cambio, que le regalase la mitad del importe económico que acompaña al premio. Don Pío, incluso moribundo, sospecho que habría aceptado el dinero. Este año, en fin, los de la academia sueca se nos han puesto un poco peluqueros concediendo el Nobel a Bob Dylan. Controversia a tope y distracción máxima.