Las Provincias

La sequía sí es un problema

Con motivo de las recientes festividades del 9 d'Octubre, Día de la Comunitat Valenciana, y del 12 de Octubre, Día de la Hispanidad, la clase política española, o una parte de ella, ha andado enfrascada en polémicas tan absurdas como la del mástil de la Senyera y el supuesto machismo que esconde la propuesta de aligerar su peso, el desacato judicial de la izquierda radical y los independentistas en el Ayuntamiento de Badalona para trabajar ese día y no hacer fiesta o la bandera indigenista que el Consistorio madrileño en manos de Podemos ha colgado de uno de sus balcones. Por no hablar de una nueva ofensiva de los nacionalistas de Compromís para cambiar de nombre otro edificio público de Valencia, el Museo Príncipe Felipe, todo con tal de suprimir referencias españolas y monárquicas. Cualquiera que no conociera la realidad nacional podría pensar que en España y en la Comunitat Valenciana los principales problemas de los ciudadanos, sus preocupaciones más habituales, están resueltos, que no hay apenas desempleados, que los jóvenes encuentran trábajo con facilidad, que el futuro de las pensiones está garantizado, que la economía es altamente productiva y competitiva, que las grandes infraestructuras ya se han terminado, que la educación funciona como un reloj, que el modelo de financiación no tiene grietas y, en fin, que el Estado de bienestar, la democracia, las instituciones y la propia credibilidad de los políticos goza de una excelente salud. Ocupados en polémicas que en muchas ocasiones sólo cabe calificar de grotescas, nuestros dirigentes olvidan que todos estos problemas, y algunos más, son los que de verdad preocupan a los ciudadanos, aquellos que acuden a las urnas. La sequía, por ejemplo, no da la impresión de encontrarse entre la agenda de temas urgentes de las Administraciones, pese a que la situación en Valencia va empeorando. Los expertos calculan que harían falta dos años con el doble de lluvias que las actuales para acabar con un déficit que amenaza primero al campo y luego al consumo humano. Esperemos que en ese tiempo, los responsables políticos hagan algo por impedir restricciones. Si es que sus estériles polémicas les dejan tiempo.