Las Provincias

UN NOBEL MUY MERECIDO

Tan pronto como surgió el nombre de Bob Dylan como el nuevo y flamante Nobel de Literatura, las redes sociales se llenaron de voces contrarias a la designación, por entender que lo que el artista de Duluth hace no es Literatura.

La importancia en la música de Bob Dylan está fuera de toda discusión. Dylan es el artista más importante de la segunda mitad de siglo, su influencia en la cultura popular solo tiene un parangón en los Beatles. Sin embargo, mientras que los de Liverpool transformaron la música en sí misma, no podemos decir que lo hiciesen con las letras de sus canciones. Obladí, Obladá, lairolailo no es, sin duda, Literatura. Solo son fonemas extraordinariamente bien colocados.

Sin embargo, la letra de 'Like a Rolling Stone', considerada por muchos la mejor canción rock de la historia, es un relato corto de hondura y tristeza infinitas. Lean, si no: «La gente te avisaba: 'Ojo, niña, vas a acabar mal'. Tú pensabas que bromeaban. Y te reías de todo el mundo. Ahora ya has bajado el tono. No pareces tan orgullosa de tener que andar rebuscando tu próxima comida. ¿Qué se siente? ¿Qué se siente vagando sin hogar, por todos ignorada, como un caso perdido?», e intenten no percibir esa soledad angustiosa, ese llanto por la juventud desperdiciada, por la vida deshecha, la inocencia pisoteada.

Dylan lleva al límite la cantidad de significado que puede caber en un significante. Y el hecho de que a la letra le acompañe música no lo hace menos meritorio. No son solo sus capacidades artísticas las que le hacen acreedor del premio, o su capacidad inspiradora que tan bien ha señalado el comité del premio, concedido por «haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición de la canción americana», sino también el espíritu contestatario del que fue líder en los sesenta, antes de aburrirse y dedicarse simplemente a ser él mismo.

Si, a pesar de ello, todavía le surgieran dudas de por qué Dylan es un Nobel con total merecimiento, piense que Homero, el padre de la Literatura Occidental, era rapsoda, un juglar itinerante, uno de esos poetas de carretera, aparentemente menores, cuyos poemas cantados han sobrevivido casi tres milenios. Dylan es digno heredero de esa tradición, aunque él cambie el rapdos, la vara con la que acompañaban su canto, por una guitarra.