Las Provincias

Gobiernos 'de progreso'

Algunos proyectos políticos tienen claro que lo primero es conquistar el lenguaje, ganar la batalla de las palabras, controlar el terreno de juego en el que se debaten ideas y conceptos para captar la atención del público. La izquierda ha sabido aplicar mejor que la derecha este procedimiento, hasta el punto de apropiarse de un término, progreso, que inmediatamente sitúa al otro bando bajo sospecha. O el cambio, el mítico cambio del 82, recuperado en 2015 por ‘los ayuntamientos del cambio’.

Con el fallido intento de Pedro Sánchez de armar una alternativa a Rajoy, el ‘Frankenstein’ con Podemos, nacionalistas e independentistas, vivimos un nuevo episodio de esa habilidad que es consustancial a la izquierda y sus órganos de agitación y propaganda: el ‘Gobierno de progreso’. Ese era el mantra lanzado por el exsecretario general y su equipo para ir creando una corriente de opinión a su favor.

El supuesto ‘Gobierno de progreso’ no era tal, aun aceptando que las fuerzas a la izquierda sean las de progreso, pues el experimento exigía contar con el PNV y con la vieja Convergència, nacionalistas los primeros, separatistas los segundos, pero igual de conservadores ambos, rivales de socialistas y podemistas si no fuera porque los necesitaban para el asalto a la Moncloa. El equívoco, la tergiversación, la burda manipulación, se mantiene. Fijémonos en los ayuntamientos ‘del cambio’.

El cambio es el de las placas de las calles, el de la bandera del orgullo gay en los balcones consistoriales el día que toca, el de la retirada de honores a personajes vinculados al franquismo o el de colgar una bandera indigenista en el Ayuntamiento de Madrid durante la festividad del 12 de Octubre. Casi a diario atravieso el barrio de la Fuensanta de camino al periódico y al hacerlo pienso que se trata de un buen territorio urbano en el que probar a ejecutar de verdad un programa auténticamente ‘progresista’, dirigido a mejorar las condiciones de vida de los habitantes de una zona de Valencia que se levantó con viviendas sociales a finales de los 50 y principios de los 60, necesitada de edificación que responda a las exigencias del siglo XXI, espacios comunes de los que carece, aparcamientos, arbolado...

Pero ahí, más allá de arreglar unas aceras en las proximidades del instituto de la Misericordia, no llega el ayuntamiento ‘de progreso’, el mismo que está ocupado y ensimismado con los carteles ‘inclusivos’ de Sant Donís, con el mástil de la Senyera, con las reinas magas, con el acompañamiento militar en la procesión del Corpus, con la bandera de España en la Batalla de Flores. Un progresismo superficial, de cara a la galería, pendiente de los ‘me gusta’ en las redes y que no alcanza a los barrios, donde hay que arremangarse y ponerse manos a la obra.