Las Provincias

El diablo de las urnas

Últimamente las urnas las carga el diablo. El 'Brexit' dejó helada a Europa y a medio Reino Unido le provocó un shock postraumático. El referéndum en Colombia para ratificar los acuerdos de paz con la guerrilla fue un fiasco total, empezando por la baja participación de los colombianos (37%), como si acabar con una guerra que ha causado la muerte de más de 200.000 personas en cuarenta años y la convulsión permanente de la vida social del país no fuera con ellos. Con estos antecedentes, miramos con ansiedad y cruzando los dedos a las próximas elecciones en Estados Unidos, todavía incrédulos ante el hecho cierto de que Trump resiste cualquier bache o socavón provocado por su propia mano, ya sea como consecuencia del contenido de sus discursos durante la campaña o procedente del pasado, en forma de video fantasma con unas declaraciones que abochornarían hasta a un zafio curtido.

Nunca como ahora las elecciones en Estados Unidos nos han puesto los pelos de punta. Por ahora nos consolamos pensando que «un tipo como Trump nunca puede ser presidente», pero, ¡ay!, ya hemos dicho algo parecido en los casos del Reino Unido y de Colombia. ¿Qué demonios está pasando con la gente? ¿Cómo interpretar esos resultados que en principio parecían absurdos? Mi conclusión es que debe de haber un sustrato que los ha posibilitado. En el Reino Unido, los mensajes diáfanos de que el 'enemigo está ahí fuera'; en Colombia, un relato contrario que habla de impunidad y beneficio para los asesinos, sin reparar en el fin último de acabar una guerra (¿qué hubiera sido de Sudáfrica si Mandela no hubiera seducido con su mensaje de perdón y reconciliación?).

¿Es realmente tan horrible Trump como lo parece? Sí. Observo un narcisismo brutal, mucho mayor del natural que se asocia al cargo de ser el líder de una nación. Su pensamiento es diáfano: sus palabras transmiten un mundo de odio y crujir de dientes; no paga impuestos, ahora se sabe, debido a su sagaz ingeniería financiera; utiliza a la gente sin miramientos, y no sólo a mujeres; su cultura política es cero. Su biógrafo confesó que el paso del tiempo no ha hecho sino empeorar sus cualidades morales.

Y sin embargo, un 40% de estadounidenses está dispuesto a votarle. Aquello que dice es importante para una gran parte de su país. ¿Qué ven en él? Probablemente celebran sus salidas de tono como un ejercicio de libertad, y admiran al millonario que, a la postre, ha triunfado, con sus mujeres hermosas e incontables propiedades. Pero Trump está ahí porque los republicanos lo permitieron, lo que no puede sino interpretarse como una grave alerta moral que, por desgracia, también infecta Europa. La lección es esta: si dejamos medrar al psicópata o al mezquino, entonces debemos estar preparados para que nos pisen la cabeza. Y sólo quedará preguntarse: ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?