Las Provincias

EL BRINDIS

Nadie alzó su copa en la recepción que ofrecieron los Reyes en el Palacio Real. Quizá fue para que no se llenara de agua, que por fin está cayendo del cielo como siempre, sin reparar en autonomías ni fronteras. ¿Por qué no han brindado todos los líderes? Solo el de Podemos tiene una buena disculpa, ya que no estaba allí. Los demás, que se echaron de menos unos a otros, debieron alegrarse por el desbloqueo y el final de la España en funciones. La costosa investidura de Rajoy sigue su accidentada senda mientras él dice que lo mejor que puede hacer es estar callado. Ha hablado siempre por los codos cuando no los hincaba sobre los libros de contabilidad de su partido, como buen opositor, y se los aprendía de memoria. Hasta Susana Díaz ha experimentado un ataque de serenidad y de cierta continencia verbal. Todos han descubierto que el silencio es un lenguaje universal y que son políglotas cuando no dicen ni pío.

Los líderes le han prometido a Felipe VI, al que algunos llaman 'El Paciente', que no habrá elecciones, ni riesgo de acudir de nuevo a las urnas para reiterar planchazos. La abstención ha cundido mucho porque la gente está harta de que le llamen a consulta y el médico no aparezca. El que lo tiene más difícil es el desangrado PSOE, después de elegir al vampiro Sánchez. Su sustituto, Javier Fernández, es un señor sereno. Tanto y en tal grado que aún no sabemos si está vivo o si lo disecaron tan bien para que circulase entre nosotros y pareciera uno de los suyos. Cuando todo se sosiegue y Luis de Guindos envíe a Bruselas el nuevo presupuesto con las cuentas aproximadamente verdaderas, volveremos a hablar de dinero. España deberá afrontar un ajuste de 5.500 millones en recortes y nos sacarán de deudas, al mismo tiempo que nos sacan esa cantidad de los bolsillos. Hay que brindar por que todo salga bien. Cueste lo que cueste y guardar la copa para otra vez.