Las Provincias

Moraira, mon amour

Moraira, síntesis de los cuatro elementos. El fuego que forja el hierro de papeleras, bancos y monumentos de rotondas asentadas en la tierra de la que brotan lentiscos y pinos, que permite magnolios con pañales, a la par que eleva majestuosas moles que caen sin vértigo al mar inmenso, puramente lascivo, que se eleva etéreo en la canícula estival. Moraira enamora, acoge, no pregunta procedencia, hace de su costa un sayo vendido al por menor, en el que resisten escarpados recodos iniciáticos. Esa que tú y yo soñamos, existe y puede ser hollada, que no poseída. ¿Cabe mayor dicha?