Las Provincias

La movilidad de las mujeres en América Latina

Millones de personas en América Latina utilizan el sistema de transporte público como principal medio de traslado, por lo que es una herramienta imprescindible para mitigar la disparidad territorial que históricamente ha generado condiciones de exclusión en las ciudades de la región.

Sin embargo, el transporte no es neutro al género; hombres y mujeres tienen diferentes roles sociales y económicos en la sociedad, que están asociados a patrones de uso y desplazamiento, acceso y necesidades de transporte específicas. Por esta razón, la organización del uso del suelo, la disposición física y el diseño del sistema de transporte e instalaciones no los afectan por igual.

Diversos estudios muestran que los patrones de movilidad de hombres y mujeres son distintos. El desplazamiento de las mujeres se ve condicionado por factores tales como la accesibilidad, asequibilidad, eficiencia y la provisión de seguridad física del servicio de transporte público. Las mujeres tienden a realizar una mayor cantidad de viajes debido a los tradicionales roles de género, pues tienen que modificarlos para recoger a los niños, hacer diligencias, ir de compras o asumir otras obligaciones familiares.

También se ha demostrado que la accesibilidad de las mujeres es limitada a pesar de contar con un sistema de transporte, ya que generalmente no está desarrollado y previsto para llevarlas a donde necesitan ir, sino más bien a los destinos que pueden haber sido elegidos por razones económicas.

Si bien el transporte público ha contribuido al empoderamiento de la mujer, también está asociado al acoso y la violencia de género. Las mujeres son más sensibles a los problemas de seguridad, que afectan su movilidad, limitan sus capacidades, su accesibilidad y su participación en los mercados laborales. Además, son comúnmente los objetivos de agresiones sexuales, cuya respuesta a ello son medidas de precaución autoimpuestas que limitan significativamente su movilidad y por ende su propio desarrollo.

Todas las formas de violencia de género tienen una incidencia directa sobre la mujer. Disminuyen su confianza y por ende limitan su habilidad para transportarse libremente en espacios públicos, su acceso a la salud, a oportunidades educativas y al mercado laboral. Esto incrementa la inequidad y la exclusión social. Por otro lado, es importante destacar que el sector de transporte está dominado por hombres. Esto contribuye a que las mujeres tengan una influencia limitada en la búsqueda y desarrollo de nuevas estrategias y políticas públicas que aporten al diseño y planificación de proyectos de transporte que sean género-sensitivos e inclusivos.

Lograr una mejor comprensión de las relaciones entre el género, la pobreza, el acceso y el uso del transporte puede ayudar a los tomadores de decisiones a desarrollar estrategias de planificación de transporte más eficaces que respondan a las necesidades de todos los miembros de la sociedad.

Es por ello que CAF -Banco de Desarrollo de América Latina-, comprometido con la inclusión social de la región, ha iniciado un estudio con el fin de recopilar datos sobre el uso y la seguridad personal de las mujeres en el transporte público en tres ciudades de América Latina. Con ello, se pretende ampliar el conocimiento y construir una sólida base de pruebas sobre la planificación del transporte y las operaciones sensibles al género y proporcionar herramientas para las agencias de desarrollo y financiación.

Este será uno de los temas que CAF profundizará en el marco de Hábitat III, la conferencia de las Naciones Unidas sobre Vivienda y Desarrollo Urbano Sostenible que tendrá lugar en Quito del 17 al 20 de octubre, para proyectar el futuro de las ciudades durante los próximos 20 años. La inclusión social y la transformación productiva como ejes transversales y fundamentales en la planificación e integración del territorio son algunas de las prioridades de la institución, que se abordan a través de iniciativas como el programa Ciudades con Futuro.

La inclusión del enfoque de género en la planificación del sistema de transporte público y la implementación de acciones específicas que reduzcan las barreras de acceso para las mujeres y respondan a sus necesidades, incrementa las oportunidades económicas y con ello la inclusión social.