Las Provincias

Las mangas de Piqué

Hay muchos que admiran el patriotismo estadounidense. Esa mano en el pecho a las acordes del himno y ese respeto ante la bandera. Alguien tan dispar como los alegres nativos de Los Ángeles y esa gente anodina, que desempeña oficios anodinos y vive en ciudades de la América profunda que parecen estar ancladas en el tiempo. En España esto no ocurre. Aquí el primero que se tocara el corazón ante el chunda chunda de la marcha real acabaría vapuleado por los independentistas catalanes y vascos, por los nacionalistas valencianos que amagan y no dan y, por supuesto, por los hijos de la anarquía de Podemos. Lo tildarían de pepero, naranjito o incluso de alguien volcado a la derecha más rancia. Manías clasistas. Falta valentía para sacudirse lo políticamente correcto. No pasa nada por amar a tu patria y demostrarlo; tampoco pasa nada si no lo haces.

La dañina política se ha inoculado en la sociedad hasta llevarse por delante al más pintado, deporte incluido. El conflicto catalán se ha impuesto de nuevo. La Guerra Fría que nunca se fue. Madrid contra Barcelona. Las mofas de Piqué contra el club del ser superior le señalaron hasta conseguir que unas mangas descosidas provoquen el terremoto más cruel. Mezcla de deporte, política y mala educación. El futbolista del Barça jamás ha ocultado su querencia por el catalanismo y por el derecho a decidir si Cataluña continúa como comunidad o se empaqueta como nación, al igual que ha jugado en la selección española sin tacha, justo en los años triunfantes del Mundial y las Eurocopas. Un profesional. Va, juega y se deja la vida, pero sin sentimientos. Eso se lo deja a los americanos. Pero hay a quien esto no le vale, quien reclama un apego mayor para enfundarse la enseña roja y amarilla. Sin mano en el pecho pero sí con el corazón en la mano.