Las Provincias

Fiestas cívicas

España es un país laico, un país no confesional. Sin embargo, y curiosamente, son las fiestas religiosas las que más involucran a sus ciudadanos. No tanto por la vivencia de una fe, cuanto por una tradición en la que los españoles se encuentran cómodos. Eso sucede con las fiestas de la Navidad o la Semana Santa, al margen de sus innegables connotaciones vacacionales. Y sucede, muy especialmente, con la fiesta del primero de noviembre, cuando recordamos a las personas que ya no están con nosotros.

Esa tensión espiritual se da poco en las fiestas civiles: unas celebraciones que tendrían que unir más a los ciudadanos, porque a todos les atañen. Porque simbolizan los derechos y deberes de todos, como ciudadanos libres de un gran país europeo. De una vieja nación que tiene la fortuna de estar en la parte del mundo donde más se respetan los derechos humanos. Donde la educación y la sanidad son públicas, universales y gratuitas.

En estos cuatro días de octubre, los valencianos celebramos dos importantes efemérides. El 9, que es el día de la comunidad y hoy, día 12, que es la fiesta nacional de España. De un país que existe desde hace más de 500 años, y que anhela muy mayoritariamente seguir cumpliendo muchas décadas. Al margen de los planes que continúan urdiendo los separatistas catalanes, o una quinta parte de los vascos.

El 9 de octubre es la fiesta de todos los valencianos, en eso han insistido nuestros gobernantes desde el primer momento de su implantación. Pero ese anhelo democrático no ha logrado calar en toda la ciudadanía. Es posible que en un futuro eso cambie, ojalá. Lo mismo se puede decir de la fiesta del 12 de octubre, que para la gran mayoría de los españoles, es el motivo de una pequeña escapada, o del disfrute de una jornada no laboral. Lo que, sin duda, está muy bien, pero es posible que aún estaría mejor si esa vivencia fuera acompañada de alguna reflexión, por liviana que fuera, que llevase a cada uno a pensar en lo que realmente significa la fecha.

En estos días de octubre celebramos nuestro pasado y nuestro presente, en la doble identidad que la inmensa mayoría de los valencianos siente, con toda legitimidad: la de ser, a la vez, valencianos y españoles. Y europeos, claro. Pero, en general, estas fechas son poco más que pretextos para la estampida, para hacer un alto en el camino laboral. Y bien, cada uno hace lo que quiere, solo faltaba. Pero el alto analfabetismo político que, en buena parte, vive la ciudadanía española, también se refleja en ese desinterés. Confundiendo la decepción que podamos tener por la tarea de nuestros políticos con la base de nuestra democracia y con los valores que más nos atañen como ciudadanos, como valencianos y como españoles.