Las Provincias

LA CAMISETA

Lo que más nos preocupa, ocupándolo todo, no es que Puigdemont negocie distintas vías para la llamada consulta ilegal, ni que UGT estafara a la Junta de Andalucía, ni el lío de Bankia. Lo que de verdad nos tiene en ascuas es la camiseta de Gerard Piqué, más exactamente sus mangas. No eran muy anchas, pero decidió ajustarlas a su medida, ya que entre sastres no se cobran las hechuras. El que es el mejor defensa central del mundo a juicio no sólo de los entendidos, sino de los que no entienden de fútbol, tiene que defenderse de sí mismo. Le acusan de haberle hecho un corte de manga al uniforme de la selección nacional, a la que ha defendido en 85 partidos. Todo para que no se vieran desde las gradas los ribetes con los colores amarillo y rojo de la bandera española. Una exageración. No se le puede echar la culpa a Adidas, que tiene atuendos para todos los gustos, pero que a este muchacho le han provocado un disgusto que puede alejarle para siempre de la selección, que es el equipo de todos los hinchas, cada uno de su padre y de su madre patria pequeña. Él se crió en La Masía, pero desde Di Stéfano, Cruyff y Messi sabemos que los genios no son de donde nacen, sino de donde pacen y nos divierten viendo lo bien que dan pie con bola.

No nos importa tanto que Podemos vote en contra del suplicatorio de Homs, ni que el PSOE siga evitando las críticas a la corrupción, ya que lo primero es lo primero y antes hay que favorecer la investidura. Ahí tenemos al hombre más sereno que ha aparecido en la política española en los últimos tiempos, que quizá sean estos. Javier Fernández quería reunir el consejo de política federal para oír, que no es lo mismo que escuchar, a los barones. Ya no hay tiempo y el serenísimo señor que ahora manda en el PSOE no piensa seguir acometiendo al PP. «Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya». Lo que quizá ignore es que a la derrota le ocurre lo mismo. Ambas se hacen esperar, pero llegan. Sin camiseta, pero llegan.