Las Provincias

SAN ROQUE

Apenas se han presentado candidatos al casting de patronos de la Fundación del Levante que finaliza mañana. La convocatoria está casi desierta. No hay avalancha como alguno se temía. No es de extrañar. Corren tiempos donde los grandes referentes son Olvido Hormigos o Rivera (Kiko). Carecemos de modelos de conducta, de referentes dignos. No son tiempos para andar postulándose como patrón de algo. 'Patrón' se asigna a alguien ejemplar, intachable, que sirve de guía a un colectivo o lo acoge bajo su protección. El patrón de mi pueblo, San Roque, aparece en la iconografía acompañado de un can que le lame sus heridas leprosas. Sin pretender -en principio- llegar a tal extremo ni siquiera con la intención de ser elevados a los altares blaugranas, solo se han apuntado hasta la fecha gente de orden como Tomás Pérez, José Chuliá o José Tomás, entre otros pocos. La buena marcha del club ha calmado los ánimos levantiscos de algún determinado sector.

El papelón de Catalán con el amago de venta al americano Robert Sarver despertó a parte de la afición granota que reclamaba a gritos una mayor apertura tras unos años de calma por la gran gestión del consejo que sacó al club del concurso de acreedores y lo colocó en Europa. Las aguas han vuelto a su cauce y los gestos de cambiar algunas cosas para que nada cambie han logrado aplacar determinados egos desmesurados que pedían 'democratización' en el seno de la entidad, lo cual no deja de ser una falacia. Porque una cosa es dar voz y voto en las grandes decisiones a la delegación de peñas o a la asociación de pequeños accionistas, y otra muy distinta pretender que cada decisión sea adoptada en una especie de asamblea podemita, para terminar a pedradas y botellazos como en Almería. Cualquier empresa seria debe tener una cabeza visible con poder de decisión y dedicación total. Profesionales competentes que sepan lo que se llevan entre manos y respondan de sus decisiones. Y no me refiero a las carencias de los actuales inquilinos de Mestalla. Lo vemos día a día en la política valenciana, llena de maestros en la gestión de la utopía pero negados en la gestión de la realidad. Una cosa es predicar y otra dar trigo.

En general vivimos en una sociedad apática. Mientras las cosas van bien, preferimos que otros se involucren y nos saquen las castañas del fuego. Si el equipo funciona no se cuestiona al patrón marinero que dirige el buque granota con buen rumbo. Quico Catalán ha sabido enderezar la nave y ahora avanza viento en popa camino de Primera División. Cuenta con un plan estratégico ejecutivo que se está cumpliendo, una nueva área deportiva que funciona y los números salen. ¿para qué patronos entonces? Para no tener que lamer las heridas de nadie en el futuro.