Las Provincias

El referéndum imposible

El presidente de la Generalitat catalana, Carlos Puigdemont, desarrolló ayer su propuesta blanda de referéndum de autodeterminación consensuado con el Gobierno español. Su fórmula ideal sería una pregunta clara de este porte: «¿Quiere que Cataluña sea un estado independiente?», pero estaría dispuesto a una redacción más light como «¿Quiere que Cataluña inicie un proceso de separación?», que permitiría negociar los plazos y los procedimientos. Puigdemont y quienes proponen una consulta pactada con el Estado no acaban de interiorizar que la Constitución española, como la inmensa mayoría de las europeas, no reconoce el derecho de secesión ni, por supuesto, el exótico «derecho a decidir», por lo que es política y jurídicamente imposible que quienes representan legítimamente al Estado negocien una fórmula de ruptura. Con todo, una constitución democrática es por definición abierta, esto es, incluye el procedimiento de su propia reforma, por lo que esta es la única vía que pueden ensayar los independentistas: la reforma constitucional, que requeriría lógicamente el asentimiento de la mayoría del pueblo soberano. Puigdemont además ha pedido diálogo, y en eso sí que debería ser radicalmente atendido: el problema catalán no se resolverá de otro modo.