Las Provincias

Querido Pep

Sabía que iba a escribirte pero no cuándo. Al principio el dolor era tan intenso que preferí continuar como si nada. Te borré. La distancia impuesta por el exilio me ayudó a fingir que la noticia no me había llegado, aunque estuve al tanto todo el tiempo que duró tu tormento. Disimulaba para no sentirme culpable por faltar, por seguir desterrado. Luego, poco a poco, fui recuperando tu presencia en mi vida cotidiana, nuestro diálogo de jóvenes viejos, quizá al revés. Asumiendo que para hablar contigo en el futuro tendré que conversar con el besugo que siempre va conmigo. Mira, lo primero que volvió a mi memoria fueron tus carcajadas. Quizá no lo recuerdes pero la risa es el ruido que hacías al pensar. Se llama guasa. Luego te puse de nuevo aquellos ojos de chino con los que veías el mundo cortado en líneas tal que una página de periódico. Y esa voz que acumulaba rotos, toses y tacos en tu lugar, como si fueras un Dorian Grey fonético. «Me largo a Jávea con una caja de botellas de güisqui, cinco novelas que leer y una de Ferran para releer», parece que te escucho de nuevo. No te he perdido, sólo es que no te encontraba. Disculpa por entregar tarde esta elegía, director.

Te echo de menos. A ti y a los sueños de nuestra generación que también se diluyeron. Valencia se borra del mapa. Ha pasado del absolutismo a la comuna, de Luis XVI al terror. Y a María Antonieta le arrojan cacas los mismos que anteayer le ofrecían pasteles. Aquí nadie comprende que el valenciano hoy se habla en inglés. El autoodio es más fuerte que la autoestima y la ambición se mira con sospecha. La Valencia que juntos soñábamos capital del Mediterráneo cada día se muestra más provinciana y acomplejada. Es un pueblo, ahora ya sí. Definitivamente se jodió el País Valencià, Pep.

9 de octubre en el móvil y pienso en ti. No estás y yo tampoco. Quedan algunos naúfragos perplejos, casi ninguno más. Los nuevos resultan irreconocibles. Como antropófagos ahí todos se comen a todos. A los rojos como tú y a los 'blaveros' como yo. La guerra de las banderas de la Transición no nos degradó tanto como la política mezquina que vino después. El hazmerreír de España y divertidos de serlo. La Comunidad Valenciana fue un proyecto de la izquierda de los setenta agotado por la derecha de los noventa. Implorar financiación en Madrid cuando no hay gobierno es para lo que hemos quedado.

Me duele tu ausencia igual que un mordisco de perro. No te gustaría que lo diga, siendo periodista no querrías ser parte de la información. También por eso no te escribí antes o te escribo sin citarte cada vez que termino un artículo, como quieras verlo. Nunca te olvido, ni a Julia, ni a Laura. A veces me digo que eres una de las razones que tengo para no volver a Valencia, mi hermano escogido y perdido. Te perdono por morirte, Pep Torrent. Perdóname tú por no aceptarlo.