Las Provincias

Podemos, ¿líder de la oposición?

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, que se sabe seguro al frente del partido, ha aprovechado el consejo ciudadano del pasado sábado para remachar su posición radical ante la organización frente a las tesis blandas de Errejón y para proclamar que el joven partido protestatario se convertirá en la gran fuerza de oposición si el PSOE, como es previsible, termina facilitando al Partido Popular el acceso al gobierno mediante la abstención.

El análisis tiene escasa complicación. Iglesias ha mencionado un juicio de valor de Juan Antonio Andrade (joven historiador de peso, autor de 'El PCE y el PSOE en la Transición'), según el cual «a pesar de que en términos programáticos no ha habido gran diferencia entre PP y PSOE, representaban dos mundos, sus votantes no eran iguales». Y ha concluido en que si el PSOE termina facilitando al PP la llave del gobierno, saltará por los aires ese «tablero simbólico» y «ya nadie se creerá ya que C's y PSOE son oposición».

Es muy probable que Iglesias acierte al pronosticar una caída del peso específico y de la significación electoral del PSOE, que sale gravemente debilitado del golpe de mano que ha tenido lugar por razones complejas para expulsar del liderazgo a un secretario general elegido por la militancia. Pero este decaimiento del PSOE no es suficiente para explicar el salto prodigioso de Podemos desde una posición lateral, marginal, al centro del escenario político como principal contradictor del PP. Porque, como ha dicho Errejón, «ese título -el de líder del espacio de la izquierda- no es automático, ni caerá del cielo por los errores de otros». «El liderazgo de la oposición -continuó el numero dos de Podemos-. Depende de nuestra virtud por representar los dolores pero también las esperanzas existentes».

Es evidente, y Rajoy se ha percatado de ellon que el PP tendrá por delante una tarea difícil para gobernar en minoría y con la actual aritmética parlamentaria. Pero también lo es que el contrapunto eficiente al discurso de centro-derecha de Rajoy habrá de ser un discurso simétrico de centro-izquierda. De hecho, la constatación ya se hizo en su día: cuando gobernó la derecha en etapas anteriores -piénsese por ejemplo en la legislatura 1996-2000-, la dialéctica de poder más creativa se escenificó entre el PP y el PSOE, no entre el PP e Izquierda Unida.

El PSOE, que ha escenificado un inconcebible espectáculo fratricida y antidemocrático, pagará muy cara esta deriva, pero el protagonismo de Podemos en el inmediato futuro y en el medio plazo no depende tan solo de la buena o mala salud del partido socialista sino de los propios méritos. Un Podemos radical, con un pie en las instituciones y el resto del cuerpo en la calle como quiere Iglesias, radical y cuasi revolucionario, no va a entusiasmar a una ciudadanía que no ha confundido la irritación con la ira, ni la oposición con la revuelta.