Las Provincias

Inversores, 'go home'

Para cuadrar las cuentas, el Consell fía su actividad a dos únicas vías: el mayor aumento de la financiación por parte del Gobierno y la subida de impuestos. De reducir el gasto, res de res. Tampoco parece muy dispuesto a permitir una mayor actividad económica.

A santo de qué me voy a poner yo en contra de una «financiación justa», como pedía Puig el 9 d'Octubre. Pero muchos años, muchos gobiernos y muchos montoros llevamos para creernos que sí, que los valencianos somos «invisibles» en Madrid y que aún no se ha hallado la fórmula para hacernos notar, ni siquiera un ave lleno de valencianos a los que nadie en Madrid hace caso.

El otro camino, decía al principio, es la subida de impuestos. Para redistribuir la riqueza, dicen; para que paguen más quienes más tienen, argumentan, aunque a veces no se refieren a los que tienen sino a los que ganan y otras veces a los empresarios y no a los ricos y otras a la gimnasia y no a la magnesia. Ceremonia de la confusión. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Valencia, gobernado por el mismo tripartito que el Consell, ha decidido subir el IBI de una forma tan arbitraria que confunde locales comerciales con ingresos, ingresos con beneficios y churras con merinas. La subida no la sufrirán quienes tengan bienes inmuebles merecedores de altos impuestos, sino quienes ingresen más de un millón de euros al año, aunque el beneficio sea negativo y el inmueble gravado esté en una cuarta planta cochambrosa y sin ascensor.

A subir impuestos, como si la subida de impuestos excesiva no tuviese un efecto contario: el cierre de empresas y negocios. O su marcha a otras comunidades, a las que acabamos tildando de paraísos fiscales porque no cobran impuestos a las herencias entre padres e hijos.

Lo importante es castigar a los ricos por ser ricos. Castigar a quienes quieren hacer esa inversión de Puerto Mediterráneo, pese a los cuatro años de tramitación y 47 informes favorables. O no permitir el hotel de lujo en la Marina de Valencia o un nuevo Ikea en Alicante. En total, más de 2.000 millones de inversión y 30.000 empleos. Dicho de otra forma: tres grandes empresas y 30.000 personas que estarían pagando impuestos, pero que así no sólo no pagan, sino que cobran el paro. Esta vía de aumentar los ingresos facilitando la inversión, tampoco está bien vista. Inversores, 'go home'.

Así que el panorama es triste: con las trabas a los inversores que quieren venir a la Comunitat, con el impuestazo a quienes ya están aquí, con un Madrid reticente a mejorar la financiación y con un capítulo de gastos que se dispara habrá déficit en las cuentas valencianas para una pequeña eternidad. Pero no será déficit del Consell o del Ayuntamiento, sino de los valencianos. El dinero público no es de nadie, decía Calvo, la exministra socialista. Sobre todo, no es de ellos.