Las Provincias

El despertar de Acció Cultural

Antes de las elecciones autonómicas y municipales de mayo de 2015 ya lo avisamos. El Centre Octubre, sede de Acció Cultural del País Valencià, se había convertido en la casa común de la izquierda -desde el PSOE a Podemos pasando por los nacionalistas de Compromís y los extraparlamentarios de Esquerra Unida-. Debates, presentaciones, campañas, ruedas de prensa, todo tenía cabida en los antiguos almacenes El Siglo, recuperados y rehabilitados gracias al abundante maná procedente de la Generalitat, catalana por supuesto. La victoria en aquellos comicios del hoy tripartito gobernante se ha dejado notar desde entonces en constantes guiños a la entidad de Eliseu Climent. La línea de subvenciones públicas, tanto del Consell como del Ayuntamiento de Valencia, fluye ahora con desbordante alegría hasta la calle San Fernando, al igual que los nombramientos, premios y prebendas de todo tipo.

En pocos meses, Joan Francesc Mira, expresidente de ACPV, ha sido obsequiado con un cargo de miembro de la Acadèmia Valenciana de la Llengua y con la Distinción de las Letras Valencianas, entregada durante la celebración oficial en el Palau con motivo del 9 d’Octubre. Recluidos durante los veinte años de mandato del PP en sus cuarteles de invierno, mantenidos gracias al favor del Govern catalán desde los tiempos de Pujol, Acció Cultural vive ahora su momento de gloria, un ‘despertar’ que algunos asocian con el de Valencia y el pueblo valenciano cuando en realidad es el suyo, el de su entidad, el de su aspiración nacional de los ‘països catalans’, tan respetable como inconstitucional y residual.

El auge de un Compromís que lleva en su ADN el componente nacionalista-catalanista, la flojera orgánica y hasta generacional del PSPV y la incoherencia de un Podemos que no es capaz de desmarcarse de este tipo de aventuras identitarias, juega a favor del proyecto de Acció Cultural. Con el PP todavía en fase de recomposición y pendiente de los tribunales, las dudas e inconsistencia de Ciudadanos y el regionalismo huérfano de siglas propias, el escenario político es propicio para que desde el Centre Octubre se marque la agenda cultural y política de una Comunitat Valenciana que en su lenguaje vuelve a ser, ¡por fin!, el País Valencià, o, como mal menor, «el país de los valencianos», como le gusta decir al presidente Puig. No importa que la mayor parte del pueblo valenciano se sienta ajeno a esta deriva, a un proyecto que les resulta extraño, excluyente, desleal con España y con la historia y personalidad del Reino de Valencia. El final del periodo popular ha supuesto para ellos un ‘despertar’. Claro que sí, el suyo.