Las Provincias

Abstención huérfana

La decisión de la 'gestora' del PSOE de no proponer al Comité Federal una postura concreta de voto en el Congreso si Mariano Rajoy vuelve a ser propuesto por el Rey para la investidura puede resultar coherente con el papel asignado a esa comisión, pero no lo es tanto con la responsabilidad que afecta en estos momentos al partido socialista. Si la comisión gestora que preside Javier Fernández no tiene otra misión en este asunto que la de exponer la situación con la máxima asepsia ante el Comité Federal para esperar a que éste se pronuncie, el país podría encontrarse en la última semana de octubre con un PSOE preservando su unidad en la indecisión, o con un PSOE aún más desconcertado que hoy ante una resolución adoptada por la mínima y en el tiempo de descuento. Es imposible que un partido que soslayó la disyuntiva entre el 'no' a Rajoy y la abstención tras el escrutinio del 26-J hasta que Pedro Sánchez decidió convertir la primera de las opciones en un mandamiento ideológico salga de su propio marasmo en diez días. Máxime cuando los dirigentes que forzaron la retirada de Sánchez no han verbalizado todavía la apuesta por la abstención, mientras que se mantiene la negativa de otros responsables a facilitarle la investidura a Rajoy. Desde el punto de vista político, y aunque formalmente se haya atenuado el enfrentamiento interno que escenificó la dirección socialista hace semana y media, el PSOE continúa dividido y confuso. No está dando pasos tangibles hacia una mayor clarificación de posturas. Puede que la 'gestora' no esté autorizada para orientar al partido en una determinada dirección. Pero no parece coherente que, después de forzar la renuncia de Sánchez, nadie diga expresamente cuál era el cambio que pretendían. Ni parece admisible que el Comité Federal del segundo partido del país vaya a afrontar un debate de urgencia en el anonimato y la indefinición de sus promotores.