Las Provincias

POBRES SÍMBOLOS

Escribo estas líneas prácticamente con los últimos destellos del castillo de fuegos artificiales, cuando las manecillas del reloj han entrado ya en el día más importante de la historia de la Comunitat.

Y como cualquier asunto relacionado con el 9 d'Octubre hay que tratarlo con respeto al aglutinar en unas horas todos los símbolos que deben unir a los valencianos. Por eso prefiero irme de momento a lo mundano, al lugar donde se levantó una de las iglesias más antiguas de Valencia, en tiempos de Jaume I, convertido en un inmundo urinario y decorado además con varios contenedores de basura.

Las fotografías llegan de la asociación de vecinos La Boatella y provocan lo que ya me ha sorprendido varias veces, el desprecio de casi todos por los restos de la colegiata de San Bartolomé, en la calle Serranos y a tiro de piedra del Palau de la Generalitat.

Cualquier buscador en Internet describe un pasado que se remonta al siglo IV, al Edicto de Milán con el que el emperador Constantino permitió la construcción de iglesias. Quizás sea sólo una leyenda, lo mismo que fue mezquita antes de iglesia, pero es bonito pensar que la desaparecida Colegiata de San Bartolomé tuvo ese origen. Por eso no entiendo que la torre, único vestigio salvado de la piqueta en la postguerra, parece que sea más una molestia para esta ciudad que una parte de su rico pasado. Como siempre, dice el mensaje adjunto a las fotografías, se harán las denuncias oportunas en el Ayuntamiento y la Conselleria de Cultura, aunque saben que la respuesta será nula.

Describir los problemas de limpieza e incivismo del barrio del Carmen no desvela ninguna sorpresa. Esta parte del centro histórico entró en barrena hace tiempo al combinarse la saturación de los locales de copas, la incapacidad del Consistorio para resolver la regeneración del entorno de la muralla musulmana y las improvisadas medidas de tráfico del nuevo gobierno tripartito, empeñado en complicar la vida a los vecinos más que en solucionar problemas.

La pujanza de Ruzafa con la etiqueta de barrio de moda, algo de lo que empiezan a arrepentirse los vecinos, ha sido la puntilla pese a espejismos como la pírrica recuperación en el padrón que destaca el Ayuntamiento. El muro de San Bartolomé transformado en urinario sintetiza mejor que nada todos los problemas del Carmen.

Pero es más urgente destacar los problemas que salpican otros lugares del centro, como el entorno del Mercado Central. Este sábado volvieron los atascos (nunca se fueron) de los conductores que querían llegar al aparcamiento y llenar el maletero con compra.

Ya es sabido que el proyecto para terminar el aparcamiento de Brujas está en trámite, lo mismo que los plazos tan largos que se prevén para las obras. También que la peatonalización del entorno de la Lonja no tiene marcha atrás y que el Consistorio rechaza atender la petición de los vendedores para llevar más líneas de la EMT al mercado. Si los coches se atascan y el autobús no llega, que nadie haga por favor la broma de la bicicleta. En la cesta cogida a un manillar no hay sitio para meter todo lo que necesitan vender para sobrevivir. Y con los que llegan andando, menos. La recuperación demográfica es una anécdota.

La resaca del 9 d'Octubre nos deja también, vuelvo a lo mundano, un jardín del Parterre en un estado de conservación flojo tirando a malo. Grafitis en la parte que recae a la calle Pintor Sorolla y un muro reventado junto a la Glorieta, que hace años ya provocó el cierre de uno de los accesos.

El destrozo está pegado a una gasolinera pendiente de traslado hace décadas. Los concejales que han tratado el tema han anunciado su marcha varias veces, en un asunto que parece de Estado por la lentitud exasperante. Se tarda más años en cerrar ese acuerdo que el empleado en construir la Ciudad de las Ciencias.

Mala imagen para honrar la memoria de Jaume I donde fue colocada su estatua. El mismo olvido que la torre de San Bartolomé, anomalías de una ciudad donde es fácil acostumbrarse a lo que nunca debe ocurrir. Me gustaría pensar que el próximo año cambiará algo, pero perdería la apuesta. Seguirán los atascos para llegar al Mercado Central, el parking inacabado, el abandono del Carmen y la misma valla reventada en el Parterre. Como si lo viera.