Las Provincias

Un candidato indigno

La trayectoria personal de Donald Trump, su biografía, sus hábitos y su conducta, entre chusca, provocadora y reaccionaria, llegó a un punto de no retorno con la revelación de sus criterios sobre las mujeres, presentadas como meros objetos sexuales, indignas y triviales, todo expresado con un tono machista, denigrante, lascivo e indigno de una persona sencillamente decente. La tempestad suscitada quiso ser aliviada por los desolados asesores de imagen. El escándalo se convirtió en un hecho político trascendente y para algunos comentaristas es el punto de no retorno que hará definitivamente de Trump el candidato del partido republicano una apuesta perdedora, salvo que en una operación de control de daños y excusas creíbles, pudiera salvar la situación. En primera instancia, el interesado ha dicho que no piensa abandonar. Así, lo que era una visible, pero todavía no decisiva, deriva de Trump hacia las aguas turbulentas de la irracionalidad, el coqueteo con lo peor del populismo de brocha gorda, el mal gusto y un confuso discurso antisistema y «antiWashington», ha llegado a ser un rosario de insultos de tal calibre que le invalidan crudamente como candidato. Sobra decir que se ha envalentonado y ha reiterado que no piensa abandonar y se le ve seguro de remontar el trance insuperable en el que está unido, además, a la convicción de gran parte del público de que en el pasado él consiguió eludir el pago de los impuestos durante largos años mediante trucos legales. La evasión fiscal es un delito particularmente grave en los Estados Unidos y a él se une ahora el pecado de la indignidad. Quienes le dieron una victoria abrumadora en las primarias ya sabían quién era Donald Trump, un individuo literalmente invalidado por sus criterios, su conducta y su impreparación para aspirar a un cargo público. Cabe la esperanza de que si persiste como aspirante sufra una derrota sin paliativos que será una prueba de la madurez y la sensibilidad del americano medio.