Las Provincias

Cameron se equivocó más que Carlos Fabra

Con todo lo que hemos murmurado o hemos tenido que oír sobre «el aeropuerto del abuelito» y todavía va a resultar que el aeródromo de Castellón no es, ni lejos, el más innecesario, disparatado o caro de cuantos se han construido no sólo en España sino en el mundo. A lo ya sabido acerca de que más de la mitad de las terminales gestionadas por la ahora semiprivatizada Aena son deficitarias o simplemente ruinosas. A lo a duras penas publicado sobre el escaso nivel de ocupación que presentan los vuelos que llegan o parten del pomposamente denominado 'Aeroport internacional de Lleida-Alguaire', el antojo de otro 'abuelito', que difícilmente abandonará los números rojos porque tenía que transportar a medio millón de pasajeros anuales para ser rentable y no alcanzó los 68.000. O a lo comentado sobre la sangría que suponen las interminables obras del nuevo aeropuerto de Berlín. A lo ya contado, en fin, sobre todos estos dispendios aeroportuarios se ha venido a sumar el perpetrado por David Cameron en la isla de Santa Elena.

Las obras supusieron una inversión de 300 millones de euros, más del doble que las de Castellón. Con la diferencia de que por el situado en Vilanova d'Alcolea han pasado ya más de cien mil pasajeros en el año que lleva en funcionamiento. Y por el de Santa Elena no escaparía ni Napoleón, si aún estuviera desterrado en aquel abrupto peñasco. No porque cuente con unas especiales medidas de seguridad, que las tiene, sino porque este aeropuerto, éste sí, jamás tendrá aviones mientras no cambie el clima o empiecen a fabricarse aparatos comerciales de despegue vertical. Las constantes turbulencias y vientos que azotan la pista, encasquetada sobre un acantilado de 300 metros de altitud, desaconsejan totalmente su apertura al tránsito. Varios pilotos se lo advirtieron a Cameron y al ministro de Desarrollo Internacional, pero éstos se negaron a admitirlo hasta que, una vez construido, quiso visitarlo lord Aschcroft y el piloto, un excombatiente de las guerras de Iraq y Afganistán, acabó dando media vuelta. La tierra firme más próxima, África, está a 2.000 km.

El de Castellón, mientras tanto, mal que bien, está prestando un positivo servicio a la industria turística del norte de la Comunidad Valenciana. Y si los taxistas de Oropesa del Mar, Cabanes y La Pobla Tornesa exigen poder operar en él es porque son ciertas las denuncias de que en determinadas fechas de agosto, con ocasión de los festivales de música, se llegan a formar colas de hora y media en la terminal. Para pasmo de un bi-tripartito, que a pesar de poner tanto empeño en rescatar concesiones administrativas, no ha cuestionado siquiera la suscrita en su día con la multinacional canadiense SNC Lavalin. Antes al contrario, el nuevo director general de Aerocas, Joan Serafí Bernat, la cubrió de flores al anunciar que se ha propuesto alcanzar los 240.000 pasajeros en 2017.