Las Provincias

Voces

No, las voces no son unánimes. No cantamos al unísono, seguimos sin aprender a trabajar unidos por objetivos comunes. La campaña de la Generalitat para este 9 d'Octubre es inteligente. Es mucho más que aceptable. Nos conviene. Nos convendría para ir borrando la pésima imagen cosechada, para ganar altura en esa pirámide, la de la estima o la fama, de la que caímos tan abruptamente, más por la insidia de algunos medios, de algunos intereses creados, que por los deméritos acumulados.

Es buena la intención del 'Tots a una veu'. Su intención es loable. Hasta el punto de que a la hora de escribir estas líneas -mi ejemplo más cercano- actúa como una llamada sobre las fibras más sanas, menos baqueteadas y escépticas, que puedan quedarle al escribidor. Pero el caso, los casos que se ven en el día a día...

¿Qué falta hacía escenificar en Madrid el enfrentamiento que ya tenemos en el parlamento valenciano? ¿Qué se ha ganado con ello? Sí íbamos a modificar el Estatuto en aras de garantizar una mejor financiación, y lo hacíamos razonablemente unidos, ¿qué se ha ganando dando ante diputados de Jaén o Asturias un espectáculo de reproches del que no se extrae la más mínima rentabilidad?

«Ya están aquí, otra vez, los ruidosos valencianos». «Ya vuelven a las andadas: podrían ahorrarse el billete del AVE y evitarnos a los demás esta incomodidad». Son reacciones lógicas. Son -y perdonen la comparación- los mismos tics, aquí y allá, los mismos errores que desencadenaron, en otoño de 1936, que la prensa de Madrid tildara a la sufrida sociedad valenciana del momento de 'Levante feliz': un escenario bullanguero, metido en trifulcas, pero de muy baja capacidad de resolución práctica en lo público.

Lo privado, gracias a Dios, sigue yendo más que bien. El ámbito de la economía, de la gestión de las cosas prácticas, suele irnos como la seda aunque fuera tampoco sepan o quieran reconocerlo. Ahí está AVE, sin ir más lejos, y las patronales, dando al presidente Puig la estabilidad que le falta y el oxígeno que su campaña merece. Vayamos juntos a pedir una mejor financiación, salgamos a la plaza a reclamarlo. Cantemos una única y aceptaba letra y aprendamos a hacerlo en coro, acordadamente.

La unanimidad empresarial, la universitaria, la profesional y social, no encaja, sin embargo, con la política. Los partidos no solo afloran de inmediato sus diferencias sino que todos, casi sin exclusión, tienen en las tripas muy hondas y preocupantes divisiones. El PSOE y el PP, Compromis y Podemos transitan con divisiones internas, de las que solo Ciudadanos parece libre. Las pequeñas guerras internas de los partidos son las que debilitan la unanimidad y hacen que el coro suene desafinado.

Habrá que concluir que son los partidos los que más y mejor pifian. La sociedad no se equivoca al votar una y otra vez lo que vota. El problema está en la lejanía de los partidos de los mandatos de la sociedad.