Las Provincias

LA VALENCIA CASTELLANA

En el restaurante Casa Valencia de Madrid, como artística embajada de nuestras tierras, José Megías cuelga una interesante exposición bajo el epígrafe de 'La Valencia Castellana'; ya saben, la que linda con las provincias de Teruel, Cuenca y Albacete, en cuyas tierras abundan el orégano, el romero, el tomillo, la manzanilla y la pebrella y, al menor soplo de brisa, el aire frío y transparente como ninguno huele a monte, a hierbas.

Es la Valencia de las orillas de la tierra roja trabajada con tesón para escalar altozanos y marcar senderos que conducen a aislados caseríos. La Valencia antitópica, la de los árboles enhiestos y dramáticos que, sin embargo, cuando llega la primavera, son de una belleza absoluta en esos espacios ocres limitados por la geometría que sólo el arado consigue y que la escasa lluvia -como un torrente- destroza sin piedad.

Megías ama esas tierras porque nació en ellas y es la tercera muestra inspirada en la sobriedad vital de una geografía que, para los de la urbe, nos resulta impactante, sobre todo cuando el tema requiere superficie alargada y desnudez; a lo sumo algún árbol solitario perfilándose en el horizonte. Tan sugestivos como fieles a tan breve resumen son los cuadros 'Amanecer, cuando el cosmos surge con el imperioso color de fuego, como 'Anochecer', el declinar del día en amarillos y violetas como un ser que acepta el irremediable fin.

La treintena de obras son un friso de paisajes captados con el espíritu de quien camina en busca de ellos, hasta que la emoción le detiene; la vibración ante la belleza de Megías, con su dominio del color, nos transmite en la tabla. Hace tiempo que rechazó el lienzo atendiendo la llamada de la madera, esa materia que siempre anduvo en sus quehaceres profesionales, pues a la dedicación enológica siguieron las etapas del mueble diseñado (y premiado), el interiorismo y la sala de arte 'Deán', en donde contactó con artistas de vanguardia. Si la afición a la plástica se remonta a la juventud por la impronta del paisaje, es ahora cuando sucumbe a su feliz entrega y nos ofrece la visión de la otra Valencia, tan audaz como atractiva.