Las Provincias

'TOTS A UNES VEUS'

Cuentan de un destacado ministro de la Transición que, antes de dejar el cargo, le dio algunos consejos a su sucesor sobre cómo negociar y aguantar el pulso de los representantes autonómicos. «Cuando te vengan los vascos, se habrán peleado en casa, pero aquí sólo hablará uno y los demás asentirán». Su interlocutor tomaba nota mentalmente mientras seguía el repaso de regiones. «A los catalanes les oirás pelearse a la puerta del ministerio, pero al entrar a este despacho irán hablando uno detrás del otro, y todos repetirán lo mismo».

El sucesor miró la agenda y vio que los primeros a los que tenía que atender era a una comitiva valenciana y preguntó que qué tal. Su antecesor le miró fijamente y sentenció. «Con esos puedes estar tranquilos: Si les dejas hablar un rato, se pelearán aquí y terminarán por irse sin insistir en lo que quieren».

Si la disparidad de criterios tiene un valor incuestionable y enriquece el acervo de un pueblo, y tal, aquí debemos estar forrados, porque esta es tierra de moros y cristianos, gigantes y cabezudos, chotos y granotas, vinagres y cabezones... y lo somos para bien y para mal.

Esta jornada habrá quien se vaya al campo o a la playa y quien se quede en casa o vaya a la procesión cívica y, de estos últimos habrá quien acuda a aplaudir y quien lo haga para silbar (o las dos cosas sucesivamente). El problema es cuando vamos fuera y hacemos lo mismo, aunque con el agravante de servir para la diversión de los foráneos.

Esto mismo pasó esta semana en la visita de la delegación de los partidos de Les Corts al Congreso de los Diputados en Madrid con la idea de defender una mejora de la financiación valenciana... y repartirse candela por separado y por equipos.

Luego se quejan nuestros representantes de que no se les haga caso y nosotros de que ellos tampoco presten mucha atención, pero debe ser una actitud que no podemos evitar que nos acompañe al viajar, como la mosca que se cuela en el coche o el «Compro tu auto. Dinero al contado» que descubres en el parabrisas cuando vas por carretera.

Con un poco de suerte, los grandes males puede que traigan grandes remedios y esto se termine resolviendo o aligerándose para que acabemos por una vez de hacer el papelón y no volvamos a casa con lo mismo o menos de lo que teníamos al salir, además de una profunda sensación de ridículo y vergüenza.

No se puede esperar que nos resuelvan nuestros problemas (por mucha razón que tengamos) si no sabemos defender nuestros intereses. Sería fácil exigir responsabilidad y demandar que alguien hiciera algo para echar la mosca o quitar la octavilla de publicidad, pero ahí está la opción de dar el paso y refrescar los partidos, asociaciones, sindicatos, patronales... Las herramientas están, pero suelen faltar manos.