Las Provincias

El partido de los bichos raros (o no tan raros)

Escribo el clásico artículo veraniego de las chanclas y las camisetas sin mangas y recibo llamadas, guasaps y correos electrónicos que me dicen que muy bueno, que tengo toda la razón, que siga así, que no decaiga, que claro que sí, que hay que acabar con la chabacanería, que hay normas y protocolos que se deben respetar, que no todo vale. Otro día me da por el móvil, una de mis obsesiones, por lo de ir por la calle mirando la pantallita, por no dejarlo ni a sol ni a sombra, por estar enganchado, por sacarlo hasta cuando estás cenando con los amigos, y lo mismo, oye qué bien, cuánta razón tienes, fenomenal, enhorabuena, estupendo, magistral... Y cuando surge la moda de los Pokemon, meto una de canto en un artículo sobre semejante memez y no te quiero ni contar, otra catarata de mensajes, adelante, vamos, vamos, no te calles, yo tampoco lo entiendo, estos tíos están mal de la cabeza, nos estamos volviendo todos locos, no sé qué le pasa a esta sociedad... Y aunque va creciendo en mí la sensación de bicho raro, de elemento extraño, de ser asocial, o antisocial, de verso suelto, cuando dedico uno de mis artículos a la tendencia exhibicionista, a lo de colgar fotos no ya íntimas sino privadas en redes sociales al alcance de cualquiera, volvemos a lo anterior, más felicitaciones, más respaldo, más declaraciones del tipo yo tampoco soy así, no saben lo que se hacen, están poniendo su vida en un escaparate, es increíble... ¿Será que no soy tan raro? De repente me da por recordar con cariño los tiempos en que hacíamos fotos con una cámara y luego las poníamos en un álbum, en lugar de tener 3.678 guardadas en el móvil que no vemos nunca ni sirven para nada, o cuando nos reuníamos en una casa para escuchar música en un tocadiscos y sacábamos el vinilo de su funda, lo limpiábamos con el cepillito, lo depositábamos en el plato y acercábamos cuidadosamente la aguja para no rayar la superficie y no teníamos 12.549 canciones guardadas en un dispositivo muy cómodo, muy cómodo, pero que muy cómodo, tan cómodo que no las oímos nunca, ¿y qué te crees que sucede a continuación?, pues que otra vez lo mismo, que he dado en el clavo, que por fin alguien lo dice, que ya está bien de la dictadura digital... Y si me da por escibir de los tatuajes eso ya es la bomba, yo tampoco me haría ni dejaría a mi hija o a mi hijo, ni yo, ni yo, ni yo, ni yo... Y si hablo de los chats que no paran de sonar, o de los bautizos y las comuniones civiles, o de las modas impostadas de halloween o la noche de San Juan, o del gusto por leer periódicos o libros en papel, pues tres cuartos de lo mismo. Así que finalmente, tras considerar todos estos precedentes, visto lo visto, no sólo es que ya no me siento un bicho raro, un apestado, sino que estoy por fundar un partido, un sindicato, una sociedad o un lo que sea, que se llamará el partido de los bichos no sé si raros o normales. Y hasta estoy convencido de que ganará las elecciones.