Las Provincias

Los espectadores

Según la definición de Aristóteles el hombre es el zoon politikon, el 'animal político', es decir, el único ser sobre la faz de la Tierra que decide sus formas de organizarse y de actuar, el hombre es un ser social. Para ello, de acuerdo al pensamiento helénico, la ciudadanía, en libre y participativa colaboración, toma sus decisiones soberanas sobre el porvenir de la colectividad. Mal que bien el zoon politikon español ha sido soberano en sus decisiones a lo largo de los últimos decenios. Sin embargo, desde hace diez meses asistimos a un hecho inquietante. El 'animal político' ibérico, al menos en dos ocasiones, ha sido llamado a manifestarse. Lo ha hecho con su libre voluntad y ha elegido una representación que ni en su fragmentación ni en sus tendencias políticas se aleja de lo que ocurre en otros países europeos. Pero he aquí, que tras ser reiteradamente llamado a las urnas, el ciudadano de participante se ha convertido en mero espectador. Sobre el escenario político se mueven figuras que hablan, que se mueven, que se interpelan entre sí o, sencillamente, permanecen inactivas. El espectáculo es tanto más sorprendente cuando el que pretende gobernar como si tuviese esa mayoría ha resultado minoritario.

Muchos estarán tentados de creer que las actuales maniobras políticas tienden a un simple «quítate tú para ponerme yo», o al deseo por parte del líder de un partido de afirmarse como dirigente de su propia organización frente a la disidencia interna. Por mi parte creo que el asunto es más profundo e intrincado. Efectivamente, el bloqueo viene de lejos y la intolerancia de unos respecto a otros se ha manifestado desde el inicio de la democracia en diversas ocasiones. El problema no está solamente en los dirigentes. Creemos que hace demasiado tiempo que se carece es de una pedagogía política, el convencimiento de que para resolver los problemas del país es necesario el concurso de todos.

Hace poco releía la historia de la Segunda Guerra Mundial por Winston Churchill. En los primeros capítulos se hacía referencia al período de entreguerras, con el crack del 29 que puso a la economía británica al borde del colapso. Los políticos británicos respondieron contando toda la verdad al pueblo, y, dice Churchill, «se le pidió al pueblo que votara en masa por un régimen de sacrificio, y respondieron como hacen siempre que se recurre a su espíritu heroico». Después de las elecciones se formó un gobierno de coalición que procedió a un duro ajuste; tras lo cual, concluye Churchill, «se recuperaron la confianza y el crédito». No creo que en esto seamos tan distintos de los británicos, en todo caso nos ha faltado la oportunidad de manifestarlo, tal vez porque nadie nos lo haya dicho.