Las Provincias

Un esbozo atractivo

En este 9 de octubre hace falta transcender la frontera de los tópicos. Viejos y recientes. Una exigencia de primer orden. A estas alturas la sociedad valenciana necesita definir cuanto antes un sólido proyecto de futuro que la agrande y fortalezca de cara a si misma y en el conjunto general de la vida española. Ganar el porvenir. Un relato inteligente capaz de canalizar la enorme potencia extraordinaria que esta tierra alberga. Sin embargo dar forma eficaz a ese empeño no es tarea fácil. Nadie lo ha hecho. Aquí cada cual tiene un rey en su barriga y un escaso sentido analítico de aquello que comporta obrar en común. Faltan líderes que propongan razónes,argumentos, emociones, ideas y una firme voluntad de iniciativa susceptible de conjugar la movilización precisa. Sobra también chafardeo, indiferencia, conformismo y cierto grado de petulancia folclórica. «Som els millors i prou». Fogosa declaración estéril que no conduce a ningún sitio. Ciertamente ha de darse a fondo un cambio de actitud colectiva para no continuar perdiendo el tren de las oportunidades. Desde luego impulsar ese giro requiere de antemano evitar el lenguaje bobo del tremendismo victimista o la necia reducción al absurdo consistente en suponer que los errores propios son el fruto exclusivo de la culpa,la intriga,el desaire o las envidias ajenas. Burda perspectiva. Latiguillo aldeano manejado a la ligera para asentar una falsa creencia en la amenaza del hipotético enemigo externo que nos maltrata por norma. Descomunal bobada en todo caso y aun mas teniendo en cuenta su uso falaz permanente para socavar la relación intima que engarza a Valencia y España. Compromís y sus entornos están en eso. La posición complice que han mantenido desde siempre con el discurso anexionista del independentismo catalán ofende y devalúa la esencia valenciana al pretender situarla en una inaceptable órbita sujeta a los designios de aquel. El colmo. Un disparate inmenso que Fuster convirtió en dogma esperpentico de la izquierda local. Décadas de matraca artificial, aburrida, interesada y ridícula. Sumisión que repugna a la inmensa mayoría de un pueblo que es fiel sabedor de sus raíces históricas. Ninguna sociedad progresa jamás a costa de negar su identidad inequívoca. Urge por tanto que el valencianismo alcance a descubrir la formula hábil para iniciar la vía de su completa articulación en todos los órdenes. Ese es el reto. Unidad de objetivos. Tradición y capacidad innovadora. Economía sostenible y progreso justo. Generacion de riqueza. Vocación solidaria. Cultura en vanguardia. Afán cosmopolita abierto a los nuevos horizontes intelectuales y tecnológicos. Cohesión social sin desequilibrios infames. Grandeza de miras y esfuerzo integrador. Ambición creativa. Fe en nosotros mismos. Orgullo inquebrantable de ser a la vez valencianos y españoles. Un esbozo atractivo para encontrar al fin el punto exacto de partida.