Las Provincias

LOS DESOBEDIENTES

Se dice que Pablo Iglesias ha perdido apoyo entre los aliados de Podemos, pero quizá lo que haya perdido sea pie entre los suyos. Eso de dejar plantado al Rey Felipe el 12 de Octubre no solo es una descortesía, sino una ordinariez. «Los representantes no están para comer canapés», ha dicho. Al parecer, solo están para deglutir el plan de ruptura unilateral de Puigdemont. Lo cierto es que corren malos vientos y como siempre ocurre, afectan a los más pobres. A Haití, que es la nación más miserable de América, le ha tocado en el sorteo el huracán 'Matthew', una especie de bomba atómica apta para colarse por todas las rendijas.

La distancia siempre es un analgésico y no conocemos a nadie, por muy sensible que sea, que haya dejado de tomar el postre cuando se informaba minuciosamente de la catástrofe. Hay muchas otras, de desigual cuantía, que nos pillan más cerca. Por ejemplo, la de los jubilados venezolanos que viven en España y no reciben sus pensiones. Cuando yo me di una vuelta larga por ese hermosísimo país, «sangre ubérrima de la España fecunda» etcétera, todavía Maduro era un niño. Ahora, gracias a la herencia de Hugo Chávez, cada año se registran 300.000 muertos que gozaban de una magnífica salud la víspera del fallecimiento.

Hay que resistirse a creer que todo vaya a peor, entre otras cosas, porque eso no es cierto. Lo que sí lo es es que estamos haciendo lo posible por que suceda. Hay que echarle la culpa al viento, que siempre es una agresión. Las ayudas internacionales tranquilizan las conciencias personales, pero ¿qué hacen los jubilados venezolanos que no reciben sus pensiones? Pueden hacer cualquier cosa menos la digestión. Incluso el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, al que acaban de galardonar con el Nobel de la Paz, tiene en contra al 50% de sus votantes, que rechazan sus pactos con el grupo armado. Son los más desobedientes.