Las Provincias

¡VIVA ESPAÑA!

Mis vecinos de abajo se deben de pensar que soy de Convergència, o cómo quiera que ahora se llame el nuevo partido de Mas y Puigdemont y de los Pujol y el 3%, o de Esquerra Republicana. De la CUP no porque para ser de la CUP hay que llevar camiseta y sandalias si eres hombre (si eres mujer, el peinado batasuno) y yo no suelo salir a la calle con semejante atuendo. O de Compromís. O del PNV. O de esa Izquierda Unida que ya no se llama Izquierda Unida (aquí ya nadie se llama igual, el siguiente va a ser el PSOE, y luego irá el PP, ya verán) y que habla de «el Estado español». Pero claro, mis vecinos dirán, éstos, cuando juega España no se nota, no es como cuando juega el Valencia, que se oyen golpes, portazos, gritos, algún que otro taco (mío no, ¿eh?, que yo no suelto tacos) llantos (a menudo), risas (rara vez)... Si es España, silencio, como si estuvieran viendo una película o una serie, cuando las familias se sentaban juntas a ver una película o una serie, que ahora eso ya no se lleva, cada uno ve lo que quiere en su ordenador, en sus habitaciones, a la hora que le apetece, tumbado en la cama, sin hablar con nadie. Aquello de sentarnos todos juntos a ver el 'Un, dos, tres' de Kiko Ledgard pasó a la historia, por no hablar de las míticas quedadas para la retransmisión del festival de Eurovisión, o mi padre y yo viendo juntos 'Curro Jiménez', con el gran Pepe Sancho en el papel de 'el estudiante'. Y el caso es que es así, el jueves sin ir más lejos, de repente me dice Álex, papá que ha marcado España, y yo, que estaba en la cocina, voy a ver la repetición y me quedo de pie ante la pantalla y digo, uy, sí, qué fallo de Buffon, con lo bueno que es, pero nada más, no hay alborozo, no hay abrazos, no hacemos un 'montonet' como cuando Ramos falló aquel penalti que mandó a la estratosfera, no me arrodillo a dar gracias a Dios como la noche en que el Burrito Ortega marcó el 3-4 en el Camp Nou, nada de todo eso, una simple constatación del hecho, como si me hubiera avisado de que el hombre del tiempo anuncia que mañana lloverá. Tal vez sea culpa de Kubala, de aquellos años tan duros, de Asensi, Villar (en su etapa de jugador), Del Bosque (idem), no sé de quién pero el caso es que la selección española de fútbol no me motiva nada, no me produce cosquilleo en el estómago, no me deja sin cenar, no me arruina un domingo por la tarde, no hay muescas en las puertas ni en los bajos de los muebles de mi casa por su culpa. Me alegré con la Eurocopa de 2008, por supuesto, la celebré y hasta salí a la calle con mis hijos que entonces eran unos chavales, y con el Mundial y con la Eurocopa de 2012. Pero no me apasiona. Así que para que no quede duda de mi patriotismo bien entendido ahí queda el título de hoy, como desagravio a mi falta de fe.