Las Provincias

EL TARRO DE LAS FÁBULAS

Extenuado por haber caído en la maraña de lo establecido, cogió el martillo de lo imposible para hacer añicos el frasco de lo singular y dejar escapar de él: lo distinto, lo imposible y lo sideral. Un frasco lleno de imaginación que es el mejor antídoto contra la tentación de opinar de la actualidad como uno más de los que reparten sentencias sin parar: «esto lo han hecho bien, esto fatal; hay que abstenerse, debemos volver a ir a votar, y tal y tal» (que diría el de Imperioso).

Rompió el tarro y salió altanera la ignorancia con colmillos afilados. «De todo eso, no me quiero saber ná», le exclamó. Rompió el tarro y salió el ciempiés de lo extraordinario, que corría más rápido que los casos de corrupción por los juzgados. «Te traigo una taza de té que, si te la tomas, verás el mundo al revés: el PSOE con el PP y hasta a Trump en el poder», dijo el animalucho.

Rompió el frasco de cristal y salió un león, como el de la Metro Golden Mayer pero menos gruñón; un filósofo de proverbios, como los viejos sabios del pueblo; un torero sin capote, que se enamoró del toro y con el toro se fugó. Rompió el frasco y salió una calculadora sin números, una bicicleta que vuela, una ruta a las estrellas, una frontera sin banderas, un inmigrante con papeles, una patera sin muertes, una paz duradera, una bomba en huelga, un puñado de letras que escriben libertad. Y en libertad.

Surgió de él, hasta un político que conversa, un pacto sin ombligo, un ministro con cartera y las manos llenas de ideas, un gobierno que funciona -no en funciones, por favor- y un país que se gobierna -que ya toca, señor-. Incluso vio salir a un indecente al que le desnudan sus miserias con tarjetas black tapando su trasero y sus mejillas 'coloràs' de vergüenza. O sin vergüenza.

Rompió el tarro de las fábulas más bellas, de las odas menos horteras, de las palabras coherentes y de las formas correctas. Rompió de un golpe seco el frasco y salió un poema sin versos en el que si lees en el reverso descubres un código secreto que te ayudará a vivir mejor: pies en alto, un Jerez al lado, mordiscos a la manzana de la tentación, libros que te inspiren la imaginación, vientos que te lleven a la desconexión, un grillo, un río, un puñado de suspiros. Otro Jeréz y otro bocado a la manzana que nos llevó a la perdición.

Rompió el frasco y se olvidó de tanto hastío generalizado, pero cuando su magia se esfumó, de nuevo se encontró con todos hablando sin ton ni son de barones y baronesas, de balones y pelotas, de huracanes y derrotas. Sólo le quedó la altanera ignorancia que le llevaba a decir «de todo eso, no me quiero saber nà» y ese puñado de letras para seguir escribiendo en libertad. Eso y unos besos que quedaron entre los restos de aquel tarro de lo imposible.