Las Provincias

ROEDORES CANÍBALES

Es falso que una imagen valga más que mil palabras. Diez palabras de Valle Inclán valen más que un millón de imágenes banales circulando por internet, ventilando aniversarios anónimos y chorras. Pero la palabra perdió la guerra hace lustros y la imagen se instaló entre nosotros a modo de tarjeta de presentación. Se nos etiqueta, juzga y condena según la pinta. Un desastre, vaya. Anda todo tan revuelto y confuso que asistimos a fenómenos curiosos. Pablo Iglesias lucha para que los suyos no pierdan la esencia radical y el tono asustaviejas. Se queja de la progresiva adulteración que algunos de sus compadres muestran pues empiezan a vestir alejándose del canon revolucionario piojoso. Se enfundan chaquetas y camisas (Errejón), se recortan la melena (Rafa Mayoral), en fin, que se nos están aburguesando a marchas forzadas y no es eso, compañeros, no es eso. En paralelo, Juan Roig pretende acercarse a los novísimos tiempos cargándose la tradicional corbata que le acompañaba a él y a sus cuadros. Fuera la corbata, que se conoce que esa tirilla que ahorca el cuello del hombre se asocia a una seriedad carcamal digamos exiliada de las nuevas corrientes. Si aquel paladín de la moda que fue Beau Brummel pasó a la historia esto se debe a su naturalidad a la hora de lucir el palmito tal y como el cuerpo se lo reclamaba; los demás, luego, chupaban su rueda. En ambos bandos, el chapucero y el estirado, uno sólo detecta falta de personalidad y coquetería barata. Lee Marvin gastando corbata en 'A quemarropa' resulta hoy igual de rebelde y moderno que Sid Vicious esgrimiendo pelo pincho y chupa de cuero. El hombre y su actitud es lo que alimenta, fertiliza y refuerza el estilismo, no al revés. Con corbata o pantalón cagón jipioso, es el hombre el que caza los ratones. Y vivimos jornadas de roedores caníbales.