Las Provincias

EL PODER VALENCIANO

El poder valenciano se planta en Madrid. Leo con atención un colorista titular publicado en prensa en el que se hace alusión al despliegue realizado por la Comunitat Valenciana en la capital de España para trasladar lo que Ximo Puig ha venido en definir como «el problema valenciano», en alusión al déficit de financiación. Lo del poder valenciano, creo recordar, fue una consigna ideada por Eduardo Zaplana -y si no por él, por Juan Francisco García o Jesús Sánchez Carrascosa- en aquellos tiempos en los que el PPCV acababa de conquistar la Generalitat y visto lo que le había ocurrido al PSPV de Lerma (toreado en la capital por su propio partido, por Borrell y hasta por Bono) entendió que influir en Madrid no era una cuestión anecdótica. Zaplana no influyó poco en la capital (acabó siendo ministro). Pero el objetivo lo logró después de no pocas visitas a la meseta, de muchos contactos en esferas que trascienden de lo político e incluso de lo empresarial, y admitámoslo, de jugar fuerte en su carrera política. En el acto del pasado miércoles en defensa de la financiación el poder valenciano se plantó en Madrid... pero Madrid se dedicó a otra cosa. No deja de ser llamativo que el principal referente de poder que acudió a la cita convocada por el tripartito-progresista-rescatapersonas valenciano fuera el presidente de la patronal, Juan Rosell. La Comunitat trasladó su mensaje de que el actual modelo de financiación nos margina, y eso es una realidad como un templo. Pero con eso se quedó. Puig se paseó por radios y televisiones para hablar de la situación de su partido -digo del PSOE, pero como siga así tendrá que empezar a hablar del PSPV- y Mónica Oltra insistió en ese perfil planito, planito, que sólo abandonó ayer para decir que si los socialistas acaban propiciando que gobierne Rajoy, pues qué se le va a hacer, que peor sería que el PP recuperara la Generalitat. Toma ya. Igual al poder valenciano le sobra pomposidad y efectismo en la denominación y le falta estrategia. Quizá se podía haber aprovechado el paso por Madrid para acercarse al Congreso de los Diputados -que es donde se discutirá la reforma del modelo de financiación-. O se podía haber acudido hasta la sede del ministerio de Hacienda para comentarle la propuesta a Montoro. No se hizo ninguna de esas dos cosas, ni otras muchas que habrían podido pensarse, y en su lugar se llenó el AVE de los mismos políticos y representantes empresariales que acuden cualquier día del año en Valencia a la llamada institucional. Y aunque alguna pareja aprovechara el trayecto para mostrar en público su cariño -felicidades para ellos-, la realidad es que la Comunitat seguirá arrastrando su déficit inversor y su maltrato financiero. Y Madrid, eso que llaman la capital, seguirá a lo suyo: recibiendo a visitantes en Atocha.