Las Provincias

No quiero vivir en un mundo así

No soy un santo. Dios me libre. Ni me muevo siempre guiado por la bondad, el altruismo o la condescendencia. No me tengo en tan buena estima. Tampoco me considero un iluso, ni suelo mirar hacia otro lado para no encontrarme con la realidad, ni lleno mi cabeza con utopías. Peco poco a ese respecto. Todo eso no me impide reconocer que vivimos en un mundo cada vez más mezquino y ser consciente de que hemos construido una sociedad en la que son determinantes intereses que no comparto. Hay días en los que no salgo de mi asombro y me digo a mí mismo que algo estamos haciendo muy mal para que sucedan ciertas cosas. Y, sobre todo, para que no se nos revuelva lo suficiente el estómago como para no calibrar entre todos en qué estamos fallando.

No quiero vivir en un mundo donde tantas personas crean que no merece la pena buscar opciones para reparar la situación de Colombia y hallar vías con el fin de que un grupo guerrillero como las Farc deje de sembrar el miedo. Me asusta que se diga no a resolver conflictos y más cuando esa negativa viene motivada por razones políticas.

No quiero vivir en un mundo donde un señor como Donald Trump pueda gobernar una potencia tan poderosa como Estados Unidos. Me escandaliza incluso que la mayor parte de los republicanos americanos lo consideren un candidato adecuado para representarles. Me repugna que alguien amenace con «devolver a los refugiados sirios a casa» si gana las elecciones o que se plantee construir un muro en la frontera con México para «ahorrar muchísimo dinero».

No quiero vivir en un mundo donde un tipo como el exconsejero de Caja Madrid Moral Santín pueda decir con total impunidad que era su secretaria la que tenía competencias sobre su tarjeta black y que, por tanto, de ella sería la responsabilidad de los excesos que se llevaron a cabo. Me asquea que este señor se pueda librar de una condena. Igual que me asquea que el Partido Popular pidiese perdón y lamentase -supuestamente- todo lo que ha ocurrido con el caso Gürtel y ahora busque las fisuras para conseguir que se declare nulo el proceso.

No quiero vivir en un mundo donde una formación política con competencia sobre decisiones que influyen en nuestro día a día se preste a espectáculos bochornosos como el que protagonizó el PSOE el fin de semana pasado y a día de hoy no conozcamos más razones para haberlo hecho que las luchas de poder.

No quiero vivir en un mundo donde unos grandes almacenes retiren un anuncio porque haya quien se sienta ofendido por que otros vivan con libertad y tengan el mismo derecho que cualquiera a formar su propia familia.

Y seré ingenuo, algo necio, por creer que debemos replantearnos lo que estamos haciendo, cómo hemos llegado hasta aquí y, sobre todo, en qué clase de mundo queremos vivir.