Las Provincias

Ligereza manirrota

¡Qué fácil es malgastar el dinero de otros!

Vemos con frecuencia que cuando en el sector público alguien accede a un puesto que le confiere capacidad de decisión, y ojo, también de responsabilidad, aunque a menudo lo olvide, parece frecuente que vea las cosas de otra manera, se le ofusque la mente, tome decisiones arbitrarias y con gran ligereza perdiendo el más elemental de los principios democráticos: administrar con rigor y eficiencia los caudales públicos.

Es lo que acaba de hacer y decidir el señor Ribó, que tras publicar en febrero el Consorcio Valencia 2007 (integrado por el Gobierno central, la Generalitat y el Ayuntamiento) las bases del concurso para la adjudicación de un restaurante en el antiguo Varadero en la Marina Real, siete meses después el señor alcalde de Valencia cambia de opinión y quiere anular dicho procedimiento de adjudicación que debe resolverse en unos días, destinando el precioso edificio para la instalación de una de las tres sedes del futuro Museo del Mar.

Todo ello no tendría importancia si del hecho no se derivara una indemnización a la empresa adjudicataria, cuyo importe según declaraciones del señor Ribó «no será cuantioso, no llegará a las seis cifras, no nos preocupa y en el Consorcio, el Ayuntamiento de Valencia es un tercio».

¡Fantástico mecenas si lo pagara de su bolsillo! O sea que el señor alcalde de Valencia dispone alegremente de miles de euros públicos por mala planificación, decisión apresurada, incompetencia o ligereza. O por todas ellas.