Las Provincias

NOS GUSTA, NO NOS GUSTA

Tengo claro lo que «no nos gusta» (lo que no les gusta a los nuevos gobernantes, quiero decir). A saber: no nos gustan los grandes eventos, aunque en Alicante sigue la Volvo Ocean Race (Alicante, ya lo dije, es un cantón independiente) y en Cheste el Mundial de motociclismo, pero casi, casi por imperativo legal. Nada de fórmulas 1 ni copas américas. No nos gustan los edificios emblemáticos y mucho menos si son de Calatrava, el arquitecto que se vendió al PP y abandonó la pureza ideológica de sus primeros tiempos, cuando fue contratado por la Generalitat de Joan Lerma, la de un hombre de izquierdas y comprometido con su tiempo, nada que ver con lo que vino después. Tampoco nos va la construcción y mucho menos si es en la huerta, que hay que proteger aunque aún no sabemos cómo. Porque una cosa es decir que no se puede construir en los campos de cebollas o de alcachofas, lo cual está muy bien, pero otra muy distinta es que los agricultores que aún resisten en l'Horta, que con cada vez menos, vayan a seguir cultivando sus terrenos a pesar de que el negocio es cada día menos rentable y no hay relevo generacional, sus hijos y sus nietos no quieren saber nada de cebollas y alcachofas. Así que ni más ladrillo en Valencia ciudad ni en una costa ya saturada de bloques de apartamentos y bungalós. El turismo no es que no nos guste pero tampoco nos entusiasma, no queremos hacer depender el PIB regional de la llegada de visitantes, especialmente si son mochileros que vienen con muchas ganas de juerga pero muy pocos euros en la cartera. Los grandes centros comerciales tampoco son santo de nuestra devoción, no hay más que ver la ofensiva con los horarios comerciales, y en cuanto al pequeño comercio, las tiendas de toda la vida, dicen que sí, que eso sí, pero el caso es que aquí, en Valencia capital, de momento lo que se ha aprobado es una subida del IBI que luego se ha tratado de amortiguar con una línea de subvenciones a los establecimientos tradicionales, una extraña forma de respaldar a un sector. Las inversiones procedentes del extranjero se colocan bajo sospecha, si es para un casino porque es para un casino y si para un centro comercial porque es para un centro comercial. Así que todo esto es lo que «no nos gusta» (no les gusta) a los dirigentes que están al frente de las instituciones valencianas, llámese Generalitat o Ayuntamiento de Valencia. Nos va (les va) la sostenibilitat, la movilitat, la promoción del valencià y el lenguaje no sexista, lo cual me parece estupendo. ¿Pero alguien puede decirme, más allá de estas ideas o conceptos, que es lo que nos gusta, cuál es su modelo para la economía valenciana, hacia dónde y cómo quieren dirigir los sectores productivos de esta Comunitat? Sólo por curiosidad.