Las Provincias

Paz en cómodos plazos

Con un sentido del Estado que honra a los dos bandos, los protagonistas del referéndum del domingo sobre el fin del conflicto civil colombiano hicieron saber con toda rapidez que seguirían actuando en el terreno puramente político: el líder guerrillero Rodrigo Londoño ('Timochenko') hizo una declaración inequívoca al respecto y el presidente Santos, bajo la presión social inseparable de su derrota por cuatro décimas, hizo una operación de compra de tiempo y anunció que se reexaminará el acuerdo de aquí al 31 de octubre.

Se puede dar por seguro que su anuncio fue comunicado -y aprobado- previamente por el expresidente Álvaro Uribe, quien ha sido, al frente de su partido Centro Democrático, el enemigo acérrimo del acuerdo. Un dato que ya pareció un indicio fue su decisión, hábil, de dejar el anuncio y la primera valoración de la derrota oficial en la consulta en su número dos Francisco Santos, su antiguo y leal vicepresidente, quien leyó un comunicado sensato, de rasgos integradores y nacionales y que, bien leído, sugirió desde ese momento que podría ser enmendado y mantener su vigencia.

Tal es el escenario inteligentemente acordado por los dos campos en pugna en el que hay, con un empate tan absoluto (y una participación tan escasa: el 37,28%), una necesidad de mantener vivo casi a cualquier precio el tesoro que representa la recuperación de la reconciliación nacional y el fin del largo período de la Violencia, con mayúscula. Otra cosa es cómo se hará, pero ya hay algunos movimientos positivos al respecto, como la declaración adelantada por Uribe de que él y su campo aceptarían, para empezar, una cierta amnistía para los exguerrilleros, un proceso de protección (y control) de las FARC y lo qae él llamó «alivios judiciales» para las FFAA, es decir, protección legal contra eventuales procedimientos por delitos cometidos en la represión de la guerrilla. Otro gesto es que, en todo caso, está listo para negociar con el presidente Santos. Este, a su vez, reaccionó con rapidez: primero anunció la mencionada prórroga de un mes para una relectura del acuerdo, considerablemente complejo en sus detalles y, por cierto, no bien explicado al público en lo que todo el mundo vio como una falta de pedagogía a cargo del Gobierno.

Con clarividencia, Joaquín Villalobos, uno de los facilitadores del proceso que llevó al acuerdo de paz, ha recordado que los observadores informados veían más fácil el acuerdo de los negociadores en La Habana que el consenso en los conciliábulos político-partidarios en Bogotá, donde, fatalmente, el arreglo sería pasto del debate político-ideológico nacional y se vería dañado por las maniobras en curso cara a la elección presidencial dentro de año y medio... Con todo y eso, se puede creer en la posibilidad de que, a fin de cuentas, el acuerdo salga adelante y el país y su clase política den una gran lección de altura de miras, patriotismo... y sentido común.