Las Provincias

AGUA Y ACEITE

Andamos todos como niño con zapatos nuevos ante la llegada de Prandelli y también ansiosos por comprobar hasta dónde puede llegar el italiano con el equipo que recibe. Y son ya muy frecuentes, por desgracia, las ocasiones en las que últimamente asistimos a un traspaso de poderes en el banquillo y estas siempre llevan emparejada una dosis obligatoria de paciencia. Paciencia y fútbol. agua y aceite. Pero esa paciencia endémicamente enemiga del 'Deporte Rey' llega impuesta por la inoperancia de quien ha abaratado hasta la ganga el cargo más importante en un equipo de fútbol y ha convertido el banquillo de este histórico club en la casa de 'tócame Roque'. Cesare Prandelli merece, obviamente, un mínimo de tiempo para hacerse con las riendas del grupo que hereda, para conocer los resortes de una Liga nueva para él y corregir el rosario de defectos e imprecisiones que han llevado a este equipo a ubicarse en la zona de descenso. Pero cada fin de semana, excepto este próximo, hay tres puntos en juego y el taxímetro corre en contra del Valencia. Y yo me pregunto si podrá encontrarse el equilibrio necesario entre la urgencia de los puntos y el tiempo de cortesía para un recién aterrizado. Obviamente, él no es responsable de que el club metiese la pata creyendo que había inventado la pólvora contratando a Ayestarán para dos años desde el argumento del 'fuego interno' y que a la cuarta jornada el fuego se extinguiera para confiar en un entrenador con currículum que no les parecía adecuado en mayo; y de que hayan construido una plantilla tarde y mal, en la que faltan ingredientes con los que aspirar con garantías al objetivo de jugar Champions. No queda otra que conseguir la cuadratura del círculo: crecer ganando. Tan fácil de decir como difícil de llevar a cabo. Todo un reto para el nuevo entrenador que, de conseguirlo, lo convertiría en un técnico inolvidable. Prandelli no es ningún novato y, seguro, sabe de la dificultad pero los galones de la experiencia deben servirle para apagar el incendio más importante. Un equipo que no consigue mantener su portería a cero in eternum está condenado al fracaso y, aunque seguro que él tiene su método y es archiconocida su intención de canalizar el juego, si es capaz de cortar esa hemorragia por la que se desangra el equipo y, desde esa fortaleza, ganar protagonismo sobre el terreno de juego, y cuenta con alguna ayudita del amo en forma de fichaje, saldrá airoso. Es lo que todo el mundo persigue incluido, imagino, el propietario que debe andar ya harto de meter la pata. Prandelli no tiene culpa alguna del disparate de verano pero no nos llenemos la boca tratando de reeducar a la grada con mensajes de 'paciencia' y 'temporada de transición porque si el Sr. Prandelli no tiene culpa alguna -que no la tiene- el aficionado... menos.