Las Provincias

Mi Unión me mima

El populismo adquiere muchas formas. No todas llevan coleta o llaman 'mona de Pascua gigante' a la Sagrada Familia de Barcelona. Algunas pretenden pasar por iniciativas culturales libres de sospecha pero no dejan de ser formas de comprar a un futuro electorado a costa de nuestros bolsillos. La última propuesta nace del Partido Popular Europeo, el grupo que aglutina a los conservadores del Europarlamento, y que dice combatir a los vendedores de humo podemitas y aledaños. Al parecer, quiere vender el suyo propio y para eso pretende regalar a todos los jóvenes que cumplan 18 años un billete de Interraíl, esa iniciativa de viaje por Europa que permite enlazar trenes durante un mes. El objetivo -dice- es fomentar el sentido de pertenencia europeo en las nuevas generaciones. Está muy bien como forma de combatir el populismo xenófobo pero lo hace fomentando otro tipo de populismo: el de «la Unión te mima».

La broma cuesta, al parecer, unos 1.500 millones de euros que bien podrían emplearse en mejores bolsas de viaje para las becas Erasmus, ese programa que busca, precisamente, hacer convivir a jóvenes europeos con otros de su mismo continente y que ha conseguido dar a conocer Europa a más de una generación; ha creado lazos de por vida -incluso matrimonios con doble nacionalidad- y ha potenciado el sentimiento de ser ciudadanos del mundo. Dicen que la movilidad joven en Europa no es muy alta, a pesar del Erasmus. Quizás tenga que ver con eso el coste que supone la estancia en el extranjero para cualquier familia media de un 'agraciado' con beca del sabio de Rotterdam.

El recurso de la subvención no es nuevo pero llama la atención que lo sugiera alguien que suele rechazarlo, envuelto ahora en un discurso buenista. Pretender que las nuevas generaciones de europeos se sientan parte de un proyecto común que vive sus horas más bajas resulta sorprendente. Lo que falla no es el viaje sino el contenido. Una Europa incapaz de verbalizar sus principios; de defenderlos cuando se atacan y de ponerlos en práctica cuando es necesario difícilmente puede seducir a nadie. Europa renunció hace mucho a ser consciente y nutrir su discurso de sus raíces, tanto históricas -se formó sobre una base judeocristiana- como recientes -el proyecto de unión se hizo desde presupuestos de la democracia cristiana-. Sin complejos, sin problemas y sin postureo. Asumir esa herencia; valorar lo que tiene de grandioso; entrar en diálogo, desde la convicción, con otras cosmovisiones ateas o de religiones diversas y mostrarse orgullosa de lo construido juntos es necesario para ser una entidad con sentido. ¿Cómo vender la Europa de los mercaderes y los pillos niños de papá que no quieren compartir su riqueza con los menos afortunados? Los jóvenes compran ideales, no estrategias. Compran sentido, no trucos de magia. Ni siquiera aunque tengan forma de billete de tren regalado y sin contraprestación alguna.