Las Provincias

Repitiendo la historia

Varias décadas atrás muchas sociedades europeas con sus gobiernos incluidos debatían cómo librarse de los judíos que se hallaban desparramados por diferentes países. Eran doce millones de personas diferenciadas por una religión y una tradición cultural arraigada que, hartos de sufrir la condena de la diáspora, reclamaban un lugar en la Tierra de todos para asentar de una manera estable a su pueblo. En muchos lugares donde vivían y trabajaban desde hacía siglos no les querían y se les intentaba hacer la vida imposible. La xenofobia se cebaba con sus costumbres y, aunque nada malo hacían ni habían hecho -más allá de la inculpación retrospectiva de haber sido los autores de la crucifixión de Jesucristo- todos los males reales o inventados les eran imputados: desde comerse niños hasta provocar pandemias. De muchos lugares habían sido expulsados -incluida España donde se hallaban desde tiempo inmemorial-, o asesinados en pogromos, y tenían sobrados argumentos para reivindicar un lugar seguro para vivir.

Políticos e intelectuales debatían qué hacer con ellos. Hitler, por ejemplo, decidió matarlos a todos y exterminó a la mitad. Otros no fueron tan drásticos ni criminales. Simplemente se pusieron manos a la obra de encontrarles un territorio para su asentamiento lejos de su presencia. Primero se estudió una región de África Central, más o menos lo que hoy es Uganda, y luego la isla de Madagascar que a punto estuvo de convertirse en un gheto judío total. Hasta Stalin eligió el lugar más inhóspito de Siberia para crearles una República.

Todo esto es historia, pero la Historia se repite. Ya no tanto con los judíos que ya tienen un país propio para refugiarse. Hoy aquellos recuerdos vuelven a repetirse con otros protagonistas y otros métodos pero con las mismas intenciones. El trato que merecen los refugiados sobre todo en Centroeuropa no desmerece de aquella dramática tradición antisemita de la primera mitad el siglo pasado.

Vienen huyendo de los cañonazos y las represalias, y para impedir que encuentren protección, poco a poco Europa se va cuadriculando entre vallas y muros que les cierran paso construidas por Gobiernos que ganan las elecciones gracias a sus actitudes inhumanas y racistas, dedicando para justificarlo muchas horas a difamar a quienes buscan salvar sus vidas. Se da por anticipado que todos son terroristas -alguno habrá camuflado pero seguramente no más que en la vida cotidiana- y que violarán a las mujeres.

En medio de este ambiente ya empezó a escucharse disparatadas propuestas húngaras, checas, polacas y hasta austríacas, que sugieren que lo mismo que se pretendió hacer con los judíos hace cien años, se les envíe ahora a los refugiados a poblar islas griegas deshabitadas, o mejor islas alejadas de la UE, y, de nuevo, regiones depauperadas y míseras de Africa.