Las Provincias

Potente o potenta

Cuando las aguas turbulentas te rodean se conoce que mantener la calma o el pico cerrado resulta difícil porque el gallinero revuelto se presta al calentón verbal. Las virtudes del silencio nunca se glosan, sin embargo el exceso de labia se valora. Las parejas, las amistades, funcionan, cree uno, cuando se instala ese silencio que, lejos de provocar violencia soterrada o malestar total, contribuye al sosiego, acaso a esa telepatía que consiste en entenderse con la mirada o con una simple mueca. García-Page irrumpió la mar de bravo acusando al PP. Si la derecha pretende exterminar el PSOE sólo conseguirá el efecto contrario; esto es, que cierren las filas en plan pretoriano. Remató la cháchara añadiendo, casi amenazando, con sacar de la chistera socialista «el candidato más potente que puedan imaginar» para futuros enfrentamientos electorales. Mamá, qué miedo. En efecto, se asume como norma general esto de presentar un candidato capaz de proyectar fuerza, carisma, sabiduría y liderazgo. Disponer de un candidato alelado, tontiloco, tullido de inteligencia y de parla roma, de momento, que se sepa, no suele arrastrar a la masa. Luego está Iceta, que intentó cosechar votos bailando pero su despliegue danzarín tampoco concluyó en éxito. El PP, ahora mismo, ha mantenido una posición ultradiscreta, fingiendo incluso preocupación, y no se ha cebado con el adversario porque no lo necesita. ¿Para qué? Es imposible de todo punto fastidiar a un adversario que se tritura sin ayuda externa. Ni en sus mejores sueños habrían observado un horizonte tan prometedor. El PP no puede romper algo que ya está quebrado. Intuyo que de haberlo intentado no les habría salido mejor y seguro que habrían cometido innumerables torpezas. Pero al loro, España espera impaciente la eclosión de ese candidato potente o potenta.