Las Provincias

La línea Puig

La crisis socialista le ha dado visibilidad nacional a Ximo Puig. Ha reforzado su originalidad en la fila de los barones. Donde, sin ser un castizo dirigente manchego o extremeño, se ha apartado del enfoque, a la postre marginal, de sus colegas la balear Francina Armengol o el catalán Miquel Iceta. Quienes parece que van a pintar poco en el nuevo socialismo español. Ximo Puig, sin dejar de ser valencianista, y muy legítimamente empeñado en establecer las mejores relaciones con los territorios que forman parte de la antigua Corona de Aragón, no pierde la perspectiva nacional.

En estos días pasados, tan decisivos y tremendos, ha reforzado su vínculo con Susana Díaz, con quien comparte una estrategia política muy diferente a la de Pedro Sánchez. Y además lo ha hecho pese a estar forzosamente cercano al podemismo, no en vano le debe su cargo a la complicidad de la formación morada. Ximo Puig ha demostrado cintura política y firmeza. Ha sabido maniobrar bajo la tormenta, e incluso ha salido airoso de su convivencia en el Consell con Carmen Montón, notable pedrista.

El de Morella ha convertido un contratiempo en una oportunidad y, de paso, ha matizado el habitual protagonismo de Mónica Oltra. Quien aparece ahora mucho más vinculada al mundo Podemos, que el jefe del Consell. Y no debemos olvidar que las relaciones entre los de Pablo Iglesias y el PSPV nunca volverán a ser lo que fueron. Sin descartar que muy pronto las cañas se puedan convertir en lanzas. En un nuevo escenario donde Mónica puede perder empuje. Y es que los dos colíderes siempre compiten, incluso aunque ellos no lo quieran así.

Puig ha ganado puntos cualificándose en el grupo de dirigentes socialistas que abortaron el irresponsable gobierno que tramaba Sánchez. Basado en el radicalismo populista y con el apoyo del secesionismo catalán, tan corrupto él, por cierto, al menos en la zona Convergencia. Una corrupción que no importaba tanto como la del Partido Popular a los líderes socialistas que querían esa ruta de naufragio.

Podemos ha perdido mucho en pocos meses. Por ambición desmedida en la primavera, y ahora por el descabalgamiento de Sánchez. Su única esperanza serían unas terceras elecciones en diciembre que, aunque le interesan al PP, no sucederán porque, por encima de todo, hay que reforzar el maltrecho bipartidismo. Eso le puede favorecer a Ximo Puig, pese a la gran debilidad de su partido. Lo afianza institucionalmente, y también le da aire allende Contreras. La crisis brutal del PSOE ha beneficiado a Puig, y un poco a todos. Porque a esta tierra le conviene que sus líderes suenen por ahí, y desde los ámbitos ganadores. A ver si entre Prandelli y Puig mejoran la imagen valenciana. Con goles y sentido de estado.