Las Provincias

EL DILEMA DEL PSOE

La decisión de abstenerse en la investidura de Rajoy o de seguir instalados en el ya famoso «no es no» (el mayor legado político que deja Pedro Sánchez) es algo más que una mera cuestión táctica para el PSOE. Lo que los socialistas tienen que elegir es qué tipo de izquierda quieren ser, un partido populista y radical que compita con Podemos por el electorado más extremo y por recuperar el voto joven o uno socialdemócrata que mire más hacia el centro, hacia los territorios templados, aquellos que un día pueden decantarse por el PP y un año después por el PSOE. El liderazgo de Felipe González en los setenta y los ochenta permitió a los socialistas arrebatar al PCE el dominio de la oposición. El viaje a la moderación llevó a la marca del puño y la rosa al Gobierno apenas siete años después de la muerte de Franco, con una mayoría absoluta arrolladora e ilusionante en 1982, año del famoso «Por el cambio». Tras catorce años en el poder, en 1996 la Moncloa recibió a un nuevo inquilino, José María Aznar, y desde aquel momento, desde la pérdida de las elecciones, el PSOE se adentró en una crisis que no resolvió la inesperada victoria de Rodríguez Zapatero en 2004. El expresidente cometió múltiples errores, sobre todo durante la gestión inicial de la crisis económica (que negó que existiera, por motivos de interés puramente electoral), pero hay dos que son especialmente graves por la trascendencia que han tenido posteriormente: reabrir las heridas del pasado (la república, la guerra civil y la dictadura franquista) que la transición había conseguido cicatrizar y dar alas a un nacionalismo catalán que hasta entonces había colaborado con el Estado y que a partir de la aprobación de la reforma del Estatut, del recurso planteado por el PP y de la sentencia del Tribunal Constitucional que anuló parte de su articulado, se echó al monte e inició un desafío en toda regla a las instituciones y a la legalidad vigente. Con Zapatero, el PSOE perdió su sitio central en la política española. La nefasta gestión de la crisis provocó el surgimiento de Podemos y sus coqueteos con los nacionalismos periféricos no le dieron los réditos esperados, no hay más que ver sus resultados en Cataluña, el País Vasco o Galicia. Entre el original y la copia mala, los ciudadanos -que no son tontos- obviamente se inclinan por la primera opción. Llegados a este punto, ante la convulsión que vive la organización socialista, la decisión trascendental es si el PSOE debe pelear con Podemos por el electorado más a la izquierda y abandonar el centro o seguir en posiciones templadas, alejadas del populismo, y dejar que sean los de Pablo Iglesias los que lideren la izquierda. Con Zapatero empezó todo y ahora ya sólo queda elegir entre lo malo y lo peor.