Las Provincias

Utilidad probada

Leyendo el periódico de ayer por fin me enteré del nombre del actual presidente de la Diputación. Lleva 15 meses en el cargo pero no tenía ni idea de su presencia. Es o era alcalde de Ontinyent, según leo en la entrevista que le realizó el compañero Burguera. Gracias a la foto se deduce que gasta perfil de ‘bon xic’. Bien peinado, camisa por dentro del pantalón, gafitas y aire modoso. La sombra de Rus era tan potente que si no llega a ser por la entrevista de ayer yo seguiría, a lo mejor usted también, sin conocer al presidente de nuestra dipu. Rus representaba un ciclón constante de energía desbocada, sideral. De ahí que, tras Rus y ese tono suyo como de demonio de Tasmania, todo se nos antoje soso. Nuestro atildado presi de la Diputación se llama Jorge Rodríguez y declara con enorme sinceridad y notable clarividencia que «la Diputación es más útil de lo que me esperaba». Sólo le ha faltado añadir «entre otras cosas porque me gano un sueldo de puta madre como presidente, y eso es la leche de útil». Los conversos que descubren las bondades de un chiringuito cuando cobran de él me fascinan. A costa de las Diputaciones emergió un tsunami demagógico de alto calibre. Que no servían para nada, las dipus. Que eran un gasto insostenible, las dipus. Que eran un negociado para enchufados, las dipus. Pero olvidaban que desde ese lugar se derrama un dinero necesario hacia los pueblos más o menos huérfanos que necesitan ayuda y cariño. Nuestro presi Jorge Rodríguez garantiza que ya no financian los bolsillos de los trabajadores zombis, o sea de esos jetas que cobran sin trabajar gracias al carné del partido. Me alegro, porque me cuentan que currantes zombis no sólo existían en la época de Rus, sino mucho antes. Rus se limitó a perpetuar la tradición. La dipu es útil. Jorge Rodríguez así lo afirma.