Las Provincias

Suerte a la gestora

A mi entender Pedro Sánchez se ha convertido en el segundo Empecinado de la Edad Contemporánea española. El primero fue Juan Martín, un labrador que llegó a mariscal de campo en tiempos de Fernando VII. La posterior caída en desgracia en aquel régimen absolutista y, más tarde, su muerte violenta por ser un liberal defensor de la Constitución de 1812 fue algo lamentable e inadmisible.

Pedro Sánchez murió políticamente, no de forma violenta pero sí un tanto dramática, por empecinarse en un posicionamiento que se negaba a ver la realidad que tenía delante y dedicarse únicamente a abrir puertas al vacío. El famoso «no es no» lo puede pronunciar un niño pequeño cuando no quiere comerse la sopa, pero no un político que carga sobre sus espaldas una gran responsabilidad. El no absoluto es sinónimo de muerte. Siempre hay grietas donde poder hurgar para resquebrajar la negación. Como contrapartida, cuando el señor Sánchez hablaba de pactos con otras fuerzas políticas sabía que se refería a soluciones irrealizables mientras no renunciaran a sus propuestas independentistas. Él lo tenía claro y nosotros también.

Haber dado un paso al lado no hubiera representado una pérdida de dignidad del PSOE. Los últimos resultados en las urnas no han sido nada positivos. Los caminantes se detienen de vez en cuando para reponer fuerzas. Dadas las circunstancias, creo que es lo que debía haber hecho Sánchez, reflexionar para obtener respuestas a unas preguntas que hace tiempo que no se plantea, y no lanzarse a una huida hacia adelante que ha producido la peor crisis en la historia del partido.