Las Provincias

TU OTRO YO

Hay muchas personas sueltas por ahí que se llaman igual que nosotros. Supongo que le habrá ocurrido alguna vez. «José Martí», por ejemplo, hay muchos. Perdón por la primera persona. Y «Pepes Martis» ni le cuento. Seguro que conoce a varios. Una zapatería en Colón, un modisto, un escritor, un héroe de la independencia nacido en Valencia (son el mismo), un aeropuerto en La Habana y hasta un hijo propio. En una ocasión, trabajando en una emisora local, abrí la puerta y apareció un tipo mayor que se presentó con un «hola, soy José Martí». Le respondí con énfasis: «Hola, yo soy José Martí». Le distinguí por su voz. Era Gómez de segundo apellido, veterano periodista catalán autor reciente de un gran libro de autobombo. En otra ocasión, a mi hijo José casi le hace un monumento un camarero cubano en Teruel cuando descubrió que se llamaba como su venerado héroe patrio. «En mi país, con ese nombre, serías un fenómeno», le sugirió al chaval. El crío emocionado insistió durante un tiempo en emigrar a Cuba. «Papá, llamándonos así allí no tendríamos que hacer nada», argumentaba.

Sé de otro que se topó de pronto con su peculiar nombre, apellidos y edad en una esquela de dimensiones considerables. La leyó mientras desayunaba en casa. Imagínenselo. Hay pocos gestos más espontáneos que el de escupir el café cuando llegas a la página del periódico que habla de tu muerte, y llamas a tu pareja: «¡Cariño, tienes que ver esto!».

Todo un shock que alguien asegure ser tú. Imagínenselo. Se te acerca un tipo y te estrecha su mano fría presentándose como XXX (rellenar cada uno con su propio nombre y apellido). Le miras de cerca, como si estuviese lejos, y esperas notar algo. La vida está llena de casualidades y nunca se sabe. Igual es tu espíritu en otro cuerpo. O él eres tú en realidad que estás muerto. No sé. Tu otro yo o algo así. Pero no sucede nada. Solo es alguien amable que te ha saludado. No le has visto nunca. Tampoco eres tú mismo desdoblado en otro porque, entre otras cosas, él tiene pelo. Pese a no ser supersticioso optas por tomar alguna precaución, así que le preguntas por su profesión, mujer, hijos. Vigilante, compruebas con alivio que no sois la misma persona. Nada coincide. Él es soltero, ortoprotésico y trabaja en Foios. Uff, sueltas aire, te quedas tranquilo y bajas la guardia hasta que te cuenta, no sabes cómo, que está emocionado con la situación de su Levante. Resulta ser acérrimo seguidor granota. Incluso disfrutó este domingo con el sufrido triunfo frente al Valladolid. Vuelven las dudas. Te empiezan a temblar las piernas. Demasiada coincidencia. Lo del Levante es la quintaesencia de tu ser, tu ADN. ¡Un tipo que se llama como tú y es del Levante! Solo te queda una opción: correr. o abrazar a tu otro yo.