Las Provincias

La fama y la lana

Cuando en España se habla de infraestructuras inservibles, de proyectos que costaron mucho dinero y han servido para muy poco, inmediatamente sale el nombre del aeropuerto de Castellón. La controvertida personalidad del político que lo impulsó, el condenado Carlos Fabra, ha condicionado el pasado, el presente y tal vez el futuro del aeródromo, que sin duda no era una inversión imprescindible ni prioritaria existiendo Manises a pocos kilómetros de su emplazamiento. Sin embargo, el ruido orquestado en torno al citado aeropuerto ha ocultado otros proyectos que han costado mucho más dinero a las Administraciones públicas y que apenas han prestado servicio a los ciudadanos. El caso más evidente es el de las autopistas radiales de Madrid, una red cuyo coste se sitúa en unos 1.700 millones de euros y que han quebrado, por lo que un juzgado ordenó su cierre al tráfico, que de momento ha sido suspendido por la decisión del Gobierno central de mantenerlas abiertas. La capital de España no carecía de una red de autovías, pero los gobernantes de principios de siglo -con el PP entonces en el poder- pensaron que una estructura paralela de autopistas aliviaría el tráfico de las primeras. Lo cierto es que una vez terminadas nunca llegaron a tener los índices de circulación que se habían previsto, probablemente con cierta ligereza. Los años de la crisis terminaron por darles la puntilla. Y a pesar de todo, a pesar de que las autopistas costaron once veces más que el aeropuerto de Castellón, en el debate sobre infraestructuras desmedidas e inútiles las radiales madrileñas apenas ocupan un pequeño espacio. Tal vez haya que acudir al sabio refranero español para encontrar una explicación a este discriminación: «unos crían la fama y otros cardan la lana».