Las Provincias

La desdibujada ONU escoge a su 'Jefe'

Cómo funciona la ONU? Terminó su semana grande, aquella que una vez al año ve llegar a Nueva York un centenar de jefes de Estado y gobierno para soltar un discurso y entrevistarse con colegas. No ocurrió nada importante.

Esta semana, la Organización escoge a su Secretario General. Sucederá al coreano Ban Ki-moon que ha estado diez años en el cargo. Los profanos creen que el Secretario General, sobre todo cuando el cargo lo ocupa una persona de cierto carisma como Kofi Annan, es no sólo la cabeza visible sino el Jefe de la ONU. Se equivocan, el Secretario es eso, un secretario a las órdenes de los países que forman la organización y especialmente de los cinco grandes, Estados Unidos, Rusia, China, Gran Bretaña y Francia. Sus poderes son muy limitados. No puede tomar decisiones relevantes y la única facultad que le otorga la Carta de la ONU es la de «llamar la atención del Consejo de Seguridad hacia cualquier asunto que pueda poner en peligro la paz y seguridad internacionales» (art. 99).

En otras palabras, puede advertir de que la casa se quema (en Siria o Libia) pero no puede hacer nada para intentar apagar el incendio si los gobiernos del Consejo no lo autorizan y, además, le dan los medios para sofocarlo. Nada. Puede estar inquieto, alarmado o torturado ante un conflicto internacional, por ejemplo el reciente bombardeo de civiles y hospitales en Siria, pero no puede mover un dedo sin el consentimiento de los 15 miembros del Consejo y especialmente de los 5 Permanentes citados. Que, con frecuencia, caso de Rusia en Siria, lanzan o amenazan con lanzar su veto y, entonces, todo se paraliza por mucho que el Secretario o usted y yo nos mesemos los cabellos.

La importancia del Secretario parece, pues, que estaría en su papel de portavoz de la comunidad internacional, de despertador de conciencias. Aquí también tiene enormes limitaciones, no debe pisar callos, sobre todo de los países grandes. Lo pueden corregir y hasta hacerlo retractarse. Ban Ki-moon dijo que el Sahara estaba «ocupado» por Marruecos y -Francia es la madrina de Marruecos en este tema- tuvo que tragarse sus palabras. Sugirió que Irán participase en las negociaciones sobre Siria y Estados Unidos le retorció el brazo. Reculó. Quiso incluir a la coalición que manda Arabia saudita en Yemen entre los grupos que han matado a niños. Los saudíes insinuaron que cortarían los fondos para muchos proyectos de la ONU. Nuevo paso atrás.

La visibilidad del puesto y, cuando lo dejan, su influencia moral lo hacen apetecible y para la elección de esta semana se han presentado diez candidatos, la mayor parte de la mal llamada Europa del Este porque, según la costumbre, ahora le toca el cargo a un nacional de esos países después de que lo haya desempeñado Asia, Africa, etc. Los 193 paises de la ONU lo escogerán siguiendo «la recomendación» de los 15 del Consejo.

Deseando aumentar la democracia y la transparencia, la Organización ha examinado, en esta ocasión, a los candidatos e incluso el Consejo ha hecho una serie de 'porras' entre sus miembros para ver quien es el más apreciado. El más votado ha sido el portugués Antonio Guterres, antiguo Comisario para refugiados y que marchó en cabeza en cuatro de los sondeos informales. Tiene dos limitaciones . Es de Europa occidental, con lo que se saltaría la costumbre existente, no la norma porque la rotación geográfica no está recogida en ningún texto. Además, no es mujer y la ONU, lo de Hillary influye mucho, tiene hambre por tener una hembra en la Secretaría.

Una señora bien conceptuada por Estados Unidos es Helen Clark, Directora del programa de Desarrollo y ex primer ministro de Nueva Zelanda. Pero no es este-europea y quedó regular en los sondeos. Aparece, entonces, la carta búlgara con dos candidatas Irina Bokova, Directora de la Unesco y Kristalina Giorgieva, Comisaria del Presupuesto de la Unión Europea. Las intrigas, entonces, emergen. La Bokova ya no es apoyada por su país porque ha intervenido la señora Merkel a favor de Kristalina que es de la misma familia política que la germana. La influencia de la Merkel en el gobierno búlgaro es grande pero no ha podido convencer a Moscú.

Esto, no les canso más, podría abrir las puertas a Miroslav Ljcak ministro de Exteriores eslovaco que quedó segundo en la última porra. Moscú lo apoyaría si Eslovaquia suaviza las sanciones que la Unión Europea impuso a Moscú. Tendría que hacerlo sin anunciarlo -recuerda las conversaciones de Pedro Sánchez con los nacionalistas- porque entonces sería vetado por Estados Unidos y algún otro.

Como ven ustedes la transparencia tiene algo de engañifa. Los cambalaches de los grandes entre bastidores continúan. Porque, subrayémoslo, la recomendación del Consejo implica, en realidad, que ninguno de los cinco grandes vete a un candidato. El veto de cualquiera de los cinco fulminaría a cualquier aspirante, aunque los otros 192 miembros de la Organización lo adorasen. Así es la ONU.